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las tablas y
figuras
aparecen al
final del
documento
RESUMEN
OBJETIVO:Elaborar
recomendaciones
aplicables a
la práctica
clínica,
derivadas de
la evidencia
científica
disponible
sobre el
manejo de la
hemorragia
subaracnoidea
no
traumática (HSA).
MATERIAL
Y METODO:
Revisión de
la
bibliografía
utilizando
una búsqueda
sistematizada
de las
principales
bases de
datos
bibliográficas.
Análisis de
los
articulos
encontrados
aplicando
niveles de
evidencia (I
a V) y
grados de
recomendación
(A, B y C).
RESULTADOS
: La HSA es
una urgencia
neurológica
con alta
morbimortalidad
que mantiene
una
incidencia
estable
(8-12
casos/100.000
habitantes/año).
La HTA y el
tabaquismo
son
considerados
factores de
riesgo. La
ruptura de
un aneurisma
cerebral es
la etiología
más
frecuente.
La TAC y la
angiografía
cerebral por
sustracción
digital son
las pruebas
diagnósticas
de elección.
Determinadas
secuencias
de
resonancia
magnética,
la angio-RM
y la Angio-TAC
pueden ser
también
útiles. El
doppler
transcraneal
es de
utilidad en
el
diagnóstico
y
seguimiento
del
vasoespasmo.
Las
diferentes
medidas del
tratamiento
médico
persiguen la
prevención y
el manejo de
las
compliciones.
El
vasoespasmo
es la más
frecuente.
Para su
prevención y
tratamiento,
los
antagonistas
del calcio,
nimodipino y
nicardipino,
son los
fármacos de
1ª elección.
El
tratamiento
definitivo
consiste en
la exclusión
permanente
del
aneurisma de
la
circulación
cerebral. Se
realiza
mediante
procedimientos
endovasculares,
quirúrgicos
o
combinados.
En cuanto a
los
aneurismas
no rotos, la
angio-RM es
la técnica
diagnóstica
de elección
solo en
subpoblaciones
de riesgo,
su
aplicación
indiscriminada
no ha
demostrado
utilidad.
Cualquier
actuación
sobre estos
aneurismas
debe
considerarse
individualizadamente.
CONCLUSIONES:
La HSA es el
tipo de
ictus con
mayor
morbimortalidad
porcentual.
La etiología
más
frecuente es
la ruptura
de un
aneurisma.
El
diagnóstico
y
tratamiento
debe ser
precoz y
hospitalario.
Debe
incluir:
realización
de TAC y
angiografía
cerebal,
prevención
de
complicaciones
y exclusión
del
aneurisma de
la
circulación
mediante
técnicas
endovasculares,
cirugía ó
ambas.
PALABRAS
CLAVES:
Hemorragia
subaracnoidea,
aneurisma
cerebral.
La
hemorragia
subaracnoidea
(HSA) es uno
de los tipos
de
hemorragia
intracraneal
en el que el
sangrado se
localiza en
el espacio
subaracnoideo.
Representa
entre el 5
-10 % de
todos los
ictus y
pesar de la
considerable
evolución de
los
procedimientos
diagnósticos
y las
técnicas
quirúrgicas,
endovasculares
y
anestésicas
sigue
caracterizándose
por su alta
morbi-mortalidad:
un 45% de
los
pacientes
fallece en
los primeros
30 días y un
50% de los
supervivientes
queda con
algún tipo
de secuela
irreversible.(1,2)
El objetivo
de este
trabajo es
revisar las
pautas de
manejo de la
HSA,
estableciendo
para cada
medida
terapeútica
y/o
diagnóstica
recomendaciones
actualizadas
basadas en
los
distintos
niveles de
evidencia
científica
obtenidos de
los
resultados
de grandes
estudios
prospectivos
de cohortes
y de ensayos
clínicos
randomizados
multicéntricos
realizados
en pacientes
con HSA
(3).
Las
recomendaciones
que hacen
referencia a
las medidas
diagnósticas
se basan en
la
experiencia
acumulada de
la práctica
clínica
debido a la
ausencia de
ensayos
clínicos que
validen cada
una de las
exploraciones
complementarias
analizadas.
Nos
centraremos
en el
tratamiento
de la HSA no
traumática,
y
fundamentalmente
en las de
etiología
aneurismática
puesto que
éstas
constituyen
la causa
etiológica
más
frecuente.
Siempre
habrá que
considerar
al paciente
en su
individualidad
pues
existirán
situaciones
clínicas
específicas
que
requerirán
medidas
terapeúticas
diferentes a
las
propuestas
en el
presente
trabajo.
La
incidencia
de la HSA no
traumática
se estima en
torno a 10
casos por
100.000
habitantes/
año (1),
aunque los
diferentes
estudios de
cohorte de
base
poblacional
encuentran
tasas de
incidencia
muy
variables
(6–16 casos
/ 100.000
habitantes /
año)
(4-6).
Las tasas
mas altas
corresponden
a los
estudio
realizados
en Finlandia
y Japón. En
este último
país, se han
publicado
tasas de
incidencia
que llegan
hasta los 25
casos por
100.000
habitantes
(7).
Al contrario
de lo que ha
sucedido con
otros tipos
de patología
vascular
cerebral en
los últimos
años no se
ha observado
un descenso
en el número
de casos
(8).
La causa
fundamental
en casi el
80% de los
casos de HSA
es la
ruptura de
un aneurisma
intracraneal,
el 20%
restante se
reparte
entre
malformaciones
arterio-venosas
(MAV) 3-7%,
HSA
perimesencefálica
o idiopática,
tumores,
discrasias
sanguíneas,
trombosis
venosas,
infecciones
del SNC, uso
de drogas,
angeitis
granulomatosa,
etc (9)
. Los
pacientes
que
presentan
una HSA
secundaria a
una ruptura
aneurismática
tienen
distinto
pronóstico,
mayores
dificultades
de manejo
terapeútico
y más
probabilidades
de presentar
complicaciones
que aquellas
HSA de
distinta
etiología
(10),
lo que debe
ser
considerado
a la hora de
diseñar
nuevos
ensayos
clínicos.(11)
Hay un
porcentaje
importante
de casos de
HSA que no
son
diagnosticados
(12).
Hasta un 12%
de los casos
fallecen
antes de
llegar al
hospital
(1,13).
La
mortalidad a
los 30 días
alcanza
entre el 42
al 57%
aunque la
mayoría se
produce en
la primera
semana, en
relación con
complicaciones
neurológicas
(6,
13-17).
La
incidencia
de HSA
aumenta con
la edad
(edad media
alrededor de
los 50 años)
y es mayor
en mujeres
que en
hombres.
(1)
Entre los
factores de
riesgo a
parte de la
edad, sexo y
raza se
encuentran
la
hipertensión
arterial (HTA),
el tabaco y
el alcohol
(18). Dado
que el
tratamiento
quirúrgico o
endovascular
es el de
elección en
la mayoría
de los
aneurismas
el control
de los
factores de
riesgo pasa
a un segundo
plano.
Estudios de
cohorte
sugieren que
la HTA es un
factor de
riesgo
aunque por
otro lado
estudios de
casos y
controles no
han podido
demostrar
dicha
relación
(18,
19).
En los
últimos años
se ha
mejorado
significativamente
el control
de la HTA en
la población
general a
pesar de lo
cual no ha
habido una
reducción
paralela en
la
incidencia
de HSA
(20).
El hábito
tabáquico es
considerado,
junto a la
HTA, uno de
los
principales
factores de
riego
modificables
de la HSA
(19).
La evidencia
de que
abandonar el
hábito
tabáquico
disminuye el
riesgo de
HSA es
indirecta.
En un
estudio de
casos y
controles
los
exfumadores
tenían un
riesgo
relativo
menor que
los
fumadores
poco
importantes
o moderados
y se apreció
una relación
indirecta
entre el
tiempo en
que se había
abandonado
el tabaco y
el riesgo de
HSA.
(21).
En un
estudio
prospectivo
que valoró
117.006
mujeres, se
observó que
aquellas que
eran
exfumadoras
también
presentaban
un riesgo
relativo
menor de HSA
que las que
seguían
fumando y
que cuanto
más tiempo
hubiese
pasado desde
que dejaron
de fumar,
menor era el
riesgo
(22).
Se han
publicado
variaciones
en la tasa
de
incidencia
potencialmente
atribuibles
a
diferencias
raciales o
étnicas.
Así, a parte
de la mayor
la
frecuencia
de HSA en
poblaciones
finlandesas
o japonesas,
referidas
anteriormente
(4,5,7),
también se
ha estimado
en algún
estudio una
incidencia
dos veces
mayor para
afro-americanos
que para
blancos
(6).
Igualmente
se han
estudiado la
influencia
de factores
meteorológicos
y
cronológicos
como las
estaciones
anuales, la
temperatura
y la humedad
ambiental,
la presión
atmosférica,
la
higrometría,
las fases
lunares o el
período del
día sin que
en la
actualidad
con los
datos
disponibles
pueda
establecerse
una clara
asociación
con ninguno
de estos
factores.(23)
SISTEMATICA
DIAGNOSTICA
EN LA HSA.
Uno de los
problemas
fundamentales
que nos
encontramos
en esta
patología es
el retraso
en su
diagnóstico,
ya que hasta
un 10% de
los
pacientes no
reconocen la
naturaleza
de sus
síntomas y
no acuden al
Neurólogo.(24)
Incluso el
diagnóstico
médico
inicial es
incorrecto
hasta en un
25% de los
casos
(24,25)
lo que puede
llevar a
retrasar el
inicio del
tratamiento
adecuado
hasta en
cuatro días
(24,26).
Figura 1.
El cuadro
clínico
típico es
característico:
intensísima
cefalea de
comienzo
brusco que
en ocasiones
se asocia a
náuseas,
vómitos,
pérdida de
conciencia
y/o déficits
neurológicos
focales. La
rigidez de
nuca
asociada es
característica
aunque no
siempre está
presente. La
TAC craneal
sin
contraste es
el primer
escalón
diagnóstico
(27).
Cuando la
TAC es
realizada en
las primeras
24 horas de
inicio de
los síntomas
se puede
observar en
el 92% de
los casos la
hiperdensidad
de señal de
la sangre en
el espacio
subaracnoideo
(28).
La
sensibilidad
diagnóstica
de la TAC va
decreciendo
con el
tiempo a
medida que
se va
reabsorbiendo
la sangre
del espacio
subaracnoideo
por lo que
ante la
sospecha
clínica, y
si la TAC es
negativa, se
ha de
realizar una
punción
lumbar (PL).
La
Resonancia
Magnética (RM)
ha sido poco
utilizada
para el
diagnóstico
de HSA en su
fase aguda
debido a que
hasta muy
recientemente
la RM
mostraba una
relativa
insensibilidad
para
detectar
sangre
subaracnoidea
(29),
por el
contrario,
se ha
mostrado
bastante
útil para:
casos con
TAC y PL
negativos
con cefalea
intensa y
déficits
neurológicos
focales,
identificar
el origen de
la HSA
cuando se
encuentran
varios
aneurismas
en la
angiografía
y detectar
la etiología
de la HSA
antes de la
angiografía,
en aquellos
pacientes
con
contraindicaciones
para la
misma ó en
pacientes
con HSA
perimesencefálica
y una
primera
angiografía
normal
(9).
En la
actualidad,
disponemos
de equipos
de alto
campo
magnético y
nuevas
secuencias
de
exploración
(especialmente
Eco-gradiente
T2 y FLAIR)
que son
capaces de
detectar
sangre en el
espacio
subaracnoideo
desde fases
muy precoces
y con una
sensibilidad
y
especificidad
superponibles,
y en
ocasiones
superiores a
la TAC
(30,31).
Las
limitaciones
vienen dadas
por el alto
coste y la
menor
disponibilidad
de estos
recursos en
relación con
la TAC;
teniendo en
cuenta las
ventajas que
sobre ésta
ofrece la RM,
en este
aspecto
diagnóstico.
La
angiografía
constituye
la prueba
diagnóstica
de elección
para
detectar la
etiología de
la HSA
(Nivel de
evidencia
III-V, grado
de
recomendación
C). La
angiografía
precoz
aumenta el
riego de
resangrado
por lo que
es
preferible
realizarla
una vez
estabilizado
el paciente,
pasadas 24
horas, salvo
que se vaya
a realizar
un
tratamiento
quirúrgico o
endovascular
precoz del
aneurisma.
(32)
Los
estudios con
angio-TAC y
angio-resonancia
también son
útiles para
el
diagnóstico
etiológico
aunque no
son tan
sensibles ni
dan tanto
detalle de
la
circulación
cerebral,
necesaria a
la hora de
la cirugía,
como la
angiografía
convencional
(Nivel de
evidencia
III-V, grado
de
recomendación
C). No
obstante, y
como ha
ocurrido con
el
diagnóstico
de la HSA en
su fase
aguda, las
características
técnicas de
los nuevos
equipos de
TAC y de RM
y sobre
todo, el
desarrollo
de nuevos
programas
que permiten
nuevas
secuencias
de
exploración,
están
permitiendo
una
aproximación
cada vez
mayor de
estas
pruebas
diagnósticas
a la
sensibilidad
y
especificidad
de al hasta
ahora patrón
oro, la
angiografía
digital
intrarterial
(33).
En un 20 a
25% de los
casos en los
que se
realiza
estudio
angiográfico
no se
detecta
aneurisma.
Una segunda
angiografía
detectará el
aneurisma en
aproximadamente
un 19% de
los casos,
por lo que
se
recomienda
repetirla en
aquellos
casos de HSA
no
perimesencefálica
con una
primera
angiografía
negativa,
transcurridas
al menos
unas dos
semanas
(Nivel de
evidencia
III-V, grado
de
recomendación
C).
(34).
El Doppler
transcraneal
(DTC) es un
método no
invasivo y
bastante
útil a la
hora de
diagnosticar
y hacer un
seguimiento
del
vasoespasmo.
(Nivel de
evidencia
III-V, grado
de
recomendación
C) La
dificultad
para
detectar
vasoespasmo
en las ramas
más distales
y la
carencia de
una buena
ventana
ultrasónica
hasta en un
10% de los
pacientes
son las
limitaciones
de esta
técnica, que
por otro
lado tiene
una buena
correlación
angiográfica.
(35)
Hay que
tener en
cuenta que
esta técnica
debe ser
realizada
por una
persona
experimentada
y que para
un buen
diagnóstico
son
necesarios
varios
estudios
secuenciales.
La angio-RM
también es
una técnica
que puede
ser de
utilidad
para la
detección,
localización,cuantificación
,
seguimiento
y
diagnóstico
de
repercusiones
(isquemia)
del
vasoespasmo,
sus valores
de
especificidad,
sensibilidad
y predicción
de falsos
positivos y
negativos se
sitúan como
promedio
entre el 92
y el 98% con
respecto a
la
angiografía
convencional,
aunque en
vasos como
la arteria
carótida
interna y la
arteria
cerebral
media estos
valores son
sensiblemente
inferiores
(36).
RECOMENDACIONES:
1. Ante la
sospecha
clínica de
HSA, se debe
referir
inmediatamente
a un centro
especializado
en el
tratamiento
de la misma.
2. Se
recomienda
realizar una
TAC cerebral
ante la
sospecha de
HSA, al
igual que
una punción
lumbar en el
caso que la
TAC sea
negativa. La
RM realizada
con algunas
secuencias
de
exploración
(eco de
gradiente
T2, FLAIR,
combinaciones
de
secuencias)
puede ser
una
alternativa.
3. La
angiografía
cerebral
selectiva es
imprescindible
en el
diagnóstico
de la HSA.
En el caso
de estar
contraindicada
se puede
sustituir
por una
angio-resonancia
o por una
TAC
helicoidal
con
contraste (angio-TAC).
4. Se
recomienda
realizar una
segunda
angiografía
en aquellos
casos de HSA
no
perimesencefálica
con una
primera
angiografía
negativa,
transcurridas
al menos
unas dos
semanas.
5. El DTC se
recomienda
para el
diagnóstico
y
monitorización
del
vasoespasmo.
MANEJO DE
LOS
PACIENTES
CON
ANEURISMAS
CEREBRALES
NO ROTOS
El manejo de
los
aneurismas
no rotos
sigue siendo
objeto de
importante
discusión y
controversia.
Hasta la
fecha, no
existen
ensayos
clínicos que
comparen
algún tipo
de
tratamiento
activo
frente a la
actitud
expectante y
es poco
probable que
este tipo de
estudios se
diseñe en un
futuro
próximo. Por
ello, las
recomendaciones
que puedan
emitirse a
este
respecto se
basan en los
datos
derivados de
los escasos
estudios
sistemáticos
que han
contribuido
a nuestro
actual
conocimiento
de su
historia
natural, de
estos el más
relevante es
el
recientemente
publicado
International
Study of
Unruptured
Intracranial
Aneurysms (ISUIA)
(37).
Por este
tipo de
estudios
sabemos que
la evolución
de un
aneurisma no
roto se ve
influida por
tres tipos
de factores:
Los
relacionados
con el
paciente
(edad,
historia de
HSA previa,
co-morbilidad),
los
relacionados
con el
aneurisma
(tamaño,
localización
y
morfología)
y los
relacionados
con su
tratamiento
(actitud
intervencionista
ó
expectante,
experiencia
quirúrgica
y/o
endovascular
del centro).
Pero la
evidencia
disponible
solo alcanza
los niveles
IV y V, lo
que solo
puede avalar
un grado de
recomendación
C. Por otra
parte, la
mayoría de
los trabajos
solo abordan
el
tratamiento
quirúrgico
como única
opción de
intervención,
por lo que
desconocemos
si sus
conclusiones
serían
aplicables
en caso de
contemplar
la terapia
endovascular
como
alternativa
de
tratamiento.
Hasta la
fecha más de
20.000
pacientes
con
aneurismas
rotos y no
rotos han
sido
tratados en
todo el
mundo con el
único método
aprobado por
la FDA como
terapia
endovascular
(Sistema
Guglielmi de
coils
electrolargables:
GDC)(38).
Las series
abiertas
publicadas
apuntan a
una menor
tasa de
complicaciones
relacionadas
con el
procedimiento
comparada
con la
cirugía,
pero sus
resultados a
largo plazo
aún no están
claramente
establecidos.(39,40).
Se necesita
un ensayo
clínico
aleatorizado
controlado y
prospectivo
que compare
esta
alternativa
terapéutica
con el
clipaje
quirúrgico
para poder
sustentar
recomendaciones
más firmes.
En cualquier
caso, con la
evidencia
disponible
podemos
afirmar:
- El riesgo
de ruptura
de los
aneurismas
íntegros de
cualquier
tamaño co-existentes
en pacientes
que ya han
sufrido una
HSA es mayor
que el que
tienen los
de tamaño
equivalente,
en pacientes
que nunca
han tenido
una HSA.
(37,41-42)
- Los
aneurismas
de tamaño
igual o
superior a
10 mm.
tienen un
riesgo
superior de
ruptura que
los de un
tamaño
inferior. En
este último
caso, debe
considerarse
el
tratamiento
quirúrgico
individualizadamente
en algunos
subgrupos en
los que el
riesgo es
superior.
Este es el
caso de los
aneurismas
íntegros con
un tamaño
entre 6 y 9
mm. Que se
presentan en
pacientes
jóvenes y/o
con un saco
aneurismático
lobulado y/o
historia
familiar de
aneurismas
íntegros o
con HSA y/o
localizados
en el apex
de la
arteria
basilar
(Nivel de
evidencia IV-V,
grado de
recomendación
C) (42)
- Los
aneurismas
intradurales
e
intracavernosos
sintomáticos
en razón del
efecto de
masa
ejercido
sobre
estructuras
vecinas,
especialmente
los de gran
tamaño debe
considerarse
su
tratamiento
quirúrgico o
endovascular.
(Nivel de
evidencia
III-V, grado
de
recomendación
C) (42)
En todos los
casos la
actitud
intervensionista
debe
adoptarse de
forma
individualizada
teniendo en
cuenta la
edad,
historia
médica del
paciente y
experiencia
del centro
en la
técnica
elegida.
(Nivel de
evidencia
III-V, grado
de
recomendación
C)
¿Se debe
realizar un
cribado de
la población
con alto
riesgo de
presentar
aneurismas
intracraneales?.
Este grupo
comprendería
familiares
de pacientes
con
aneurismas
intracraneales
y de
aquellas
familias con
riñón
poliquístico,
síndrome de
Marfan o
síndrome de
Ehlers-Danlos.
El riesgo
bajo de
rotura del
aneurisma,
el riesgo
inherente de
la
angiografía,
y el escaso
porcentaje
de
aneurismas
detectados
ha llevado a
la
recomendación
de no
realizar una
angiografía
en estos
grupos de
personas
(43)
(Nivel
de evidencia
III-V, grado
de
recomendación
C). Un
último
estudio de
Ronkainen y
col
(44)
realizando
angioresonancia
a 698
familiares
asintomáticos,
mayores de
30 años, de
pacientes
con
aneurismas
intracerebrales
encontró que
el riesgo de
presentar un
aneurisma es
cuatro veces
mayor en
familiares
cercanos que
en la
población
general, lo
que hace que
la
angioresonancia
pueda
considerarse
un buen test
de cribado
con valores
de
sensibilidad
que oscilan
entre el 69
y 93%,
habiéndose
mostrado
especialmente
útil en la
detección de
aneurismas >
de 3mm
(Nivel de
evidencia
III-V, grado
de
recomendación
C).
No obstante,
un programa
de cribado
poblacional
debe
realizarse
con
criterios de
coste-efectividad.
No se han
realizado
estudios de
este tipo
por lo que
las
recomendaciones
son grado C.
- No están
justificadas
estas
exploraciones
en la
población
general.
- No existe
evidencia
suficiente
que aconseje
la
realización
rutinaria de
angio-RM a
pacientes
con los
síndromes
genéticos
mencionados
arriba ni a
familiares
en primer
grado de
pacientes
con HSA
aneurismática
(45).
- Aunque se
precisan más
datos para
poder
afirmarlo
con mayor
rotundidad,
en dos
subpoblaciones
podría estar
indicado el
despistaje
rutinario de
aneurismas
íntegros:
Personas con
2 ó más
familiares
en primer
grado
diagnosticados
de
aneurismas
intracraneales
ó HSA
aneurismática
(síndrome de
aneurismas
intracraneales
familiares)
y los
pacientes ya
tratados de
HSA
aneurismática,
ya que la
tasa de
formación de
nuevos
aneurismas
es tan alta
como el
1-2%.
(42,46)
Nivel de
evidencia
III-V, grado
de
recomendación
C
Existen
varias
escalas para
la
valoración
de la HSA.
Una de las
más
aceptadas y
empleadas es
la de Hunt y
Hess (1968),
posteriormente
modificada
por Hess
(47),
con 6
niveles de
estratificación
que van de 0
a 5, siendo
0 el
aneurisma
asintomático
y 5 la
situación de
coma
profundo con
rigidez de
descerebración.
Se ha visto
que la
puntuación
en la escala
de Hunt y
Hess al
ingreso es
un valor
predictivo
de
mortalidad
(48).
Otras
escalas
bastante
aplicadas en
la
valoración
clínica de
la HSA son
la WFNS (49)
y la de
Glasgow (
Tabla 1).
Existen
escalas que
valoran la
localización
y magnitud
de la HSA en
la TAC, como
son la de
Fisher
(50) y
la de Hijdra
(51).
Son menos
empleadas
que las
clínicas.
RECOMENDACIONES:
1. La angio-RM
constituye
un buen test
de detección
para los
aneurismas
no rotos.
2. Las
personas con
más de un
familiar
directo con
aneurismas
íntegros y/o
HSA
aneurismática
y los
pacientes ya
tratados por
HSA por
ruptura de
un aneurisma
son las
subpoblaciones
en las que
pudiera
estar
indicada la
practica
rutinaria de
estos
programas de
detección de
aneurismas
mediante
angio-RM
3. El
tratamiento
quirúrgico o
endovascular
de los
aneurismas
no rotos
debe ser
considerado
de forma
individualizada.
4. Se puede
recomendar
el
tratamiento
quirúrgico
de los
aneurismas
no rotos
asintomáticos
en pacientes
jóvenes (<45
años), sin
enfermedades
concomitantes,
con un
tamaño mayor
de 10 mm y
con historia
personal o
familiar
previa de
HSA.
5. Se
considerará
también
tratamiento
quirúrgico o
endovascular
en los
aneurismas
intradurales
o
intracavernosos
de gran
tamaño que
ejercen
efecto
compresivo
sobre
estructuras
vecinas.
TRATAMIENTO
MEDICO DE LA
HSA.
Entre las
complicaciones
neurológicas
que pueden
surgir tras
una HSA se
encuentran:
el
resangrado,
el
vasoespasmo,
el edema
cerebral, la
hidrocefalia
y las crisis
comiciales.
Entre las
complicaciones
médicas se
hayan:
hipertensión,
hipotensión,
infarto
agudo de
miocardio,
arritmias
cardiacas,
síndrome del
distress
respiratorio,
edema
pulmonar,
neumonía,
sangrado
gastrointestinal,
anemia,
tromboembolismo
venoso,
hiponatremia,
hipernatremia,
etc.
(52)
Anticiparse
a la
aparición de
las mismas
poniendo en
marcha
medidas
profilácticas
y el
correcto
tratamiento
son factores
fundamentales
para el
pronóstico
del paciente
con HSA.
1.
RESANGRADO.
Es una de
las
principales
causas de
mortalidad y
morbilidad
en las 2
semanas
siguientes
al inicio
del
episodio. La
mortalidad
entre los
pacientes
que
resangran es
el doble que
en aquellos
en los que
no se
presenta
esta
complicación.
El periodo
de mayor
riesgo para
el
resangrado
es en las
primeras 24
horas tras
el episodio
y se produce
en un 4% de
los
pacientes;
en los 14
días
subsiguientes
el riesgo
acumulado de
resangrado
se mantiene
en torno a
un 15-25%,
para
posteriormente
disminuir a
un 0.5% /
día durante
los días 15
a 30
(52,53).
Por tanto,
ante la
urgencia de
un correcto
diagnóstico
y un inicio
precoz del
tratamiento
se
recomienda
remitir a un
centro
especializado
cualquier
sospecha de
HSA. Los
pacientes
que
permanecen
con bajo
nivel de
conciencia
tras el
episodio,
los de más
edad, las
mujeres y
aquellos con
una tensión
arterial
sistólica
mayor de 170
mm Hg. son
los que
presentan un
mayor riesgo
de
resangrado
(54).
Es
obligatorio
repetir la
TAC craneal
para
confirmar el
diagnóstico.
La
prevención
del
resangrado
es por tanto
uno de los
principales
objetivos
del
tratamiento
médico.
• Reposo
en cama.
En el
Cooperative
Aneurysm
Study Group
el reposo en
cama por sí
solo fue
inferior que
la cirugía
para
prevenir el
resangrado
en el
análisis
global y
también fue
inferior al
tratamiento
antihipertensivo,
cirugía y
ligadura
carotídea en
los grupos
que
completaron
el
tratamiento
(55).
Aunque el
reposo en
cama hoy en
día se
contempla en
todos los
protocolos
de HSA, debe
ser
combinado
con otras
medidas
terapéuticas
más eficaces
en la
prevención
del
resangrado.
El paciente
debe estar
en una
habitación
tranquila,
con pocas
visitas; la
cabecera a
30º para
facilitar el
drenaje
venoso. Es
importante
evitar los
esfuerzos
que producen
un aumento
de la
presión
intracraneal
(tratamiento
sintomático
de la tos,
náuseas y
vómitos, y
del
estreñimiento)
(Nivel de
evidencia II-III,
grado de
recomendación
B)
(32,56).
•
Tratamiento
antihipertensivo.
El
tratamiento
de la HTA
para
prevenir el
resangrado
constituye
un tema
controvertido.
La
hipotensión
producida
puede
resultar
perjudicial,
especialmente
si existe
vasoespasmo
o
hipertensión
endocraneal,
pues
disminuye la
perfusión
cerebral
(52).
En un
ensayo
randomizado
con agentes
antihipertensivos
y
antifibrinolíticos,
Nibbelink
(57)
describió un
mayor
porcentaje
de
resangrado
en los
grupos
tratados con
antihipertensivos
aunque hay
que tener en
cuenta que
el
resangrado
en estos
pacientes
estaba más
en relación
con la
presencia de
la HTA que
con su
tratamiento;
además este
estudio fue
realizado
hace 20 años
por lo que
si se
realizase
hoy día con
los nuevos
antihipertensivos
existentes,
más seguros
y eficaces,
probablemente
los
resultados
serían
diferentes.
(55)
(Nivel
de evidencia
II-III,
grado de
recomendación
B).
En un
estudio
observacional
realizado
por Wijdicks
(58)
se vio
que existía
un mayor
porcentaje
de
resangrado
en los
pacientes
que no
recibían
tratamiento
antihipertensivo,
a pesar de
presentar
tensiones
más bajas,
comparados
con los
pacientes
que sí
recibieron
tratamiento
antihipertensivo,
lo que
sugiere que
el
resangrado
puede estar
más en
relación con
cambios
bruscos de
tensión que
con un valor
específico
de tensión
arterial .
Se
recomienda
utilizar la
analgesia
precisa para
el control
adecuado de
la cefalea y
la agitación
que pueda
presentar el
paciente
para evitar
elevaciones
bruscas de
la tensión
arterial. En
principio y
si no hay
contraindicación,
se puede
administrar
metamizol ó
paracetamol,
oral o i.v.
y si éste no
es
suficiente
se pueden
emplear
derivados
opiáceos
vigilando la
posible
aparición de
hipotensión.
(56)
• Terapia
antifibrinolítica.
El papel del
tratamiento
antifibrinolítico
como
prevención
del
resangrado
se viene
estudiando
desde 1967.
Su empleo se
basa en que
el coágulo
perianeurismático
formado en
el lugar de
la rotura
actúa como
refuerzo
para
prevenir
posteriores
resangrados
y tras una
HSA existe
una
estimulación
de la
actividad
fibrinolítica
en el
líquido
cefalorraquídeo
(LCR) que
podría
facilitar no
sólo la
lisis de la
sangre
extravasada
al espacio
subaracnoideo
sino también
la de este
coágulo.
Los
antifibrinolíticos,
ácido
tranexámico
(ATX) y
epsilon-aminocaproico
(AEAC),
inhiben la
activación
del
plasminógeno
a plasmina
estabilizando
el coágulo
(52).
Cruzan la
barrera
hematoencefálica
pero sus
concentraciones
terapéuticas
en LCR son
menores que
en plasma y
se alcanzan
con
posterioridad.
Cuando se
administran
como una
infusión
continua
intravenosa,
sin bolo
inicial, las
concentraciones
en LCR
pueden
tardar en
alcanzarse
hasta 36
horas, por
lo que
actuaría al
final del
periodo de
máximo
riesgo de
resangrado.
Entre sus
efectos
secundarios
se encuentra
la diarrea
en un 24% de
los casos
(9),
también la
aparición de
hidrocefalia
es un 13-25%
más
frecuente en
estos
pacientes
pues se ve
dificultada
la lisis de
la sangre
subaracnoidea
obstruyendo
la libre
circulación
del LCR.
(59,60),
y un
incremento
de la
patología
cerebral
isquémica,
especialmente
a partir del
séptimo día
de
tratamiento,
debida a
cambios en
la
viscosidad y
en las vías
de la
coagulación
inducidos
por los
antifibrinolíticos
(60,61).
El primer
ensayo
clínico con
fibrinolíticos
fue
realizado
por Gibbs y
O´Gorman,
era
controlado
pero no
randomizado
y no
encontró
diferencias
en el
tratamiento
con
fibrinolíticos
en cuanto a
mortalidad y
resangrado
(62)
aunque
estimuló el
estudio
sobre su
posible
utilidad.
Nibbelink y
col.
(63)
compararon
la evolución
de 502
pacientes
tratados con
AEAC o ATX
con un grupo
de controles
históricos
no tratados,
encontrando
doble
porcentaje
de
mortalidad y
resangrado
entre los no
tratados
frente a un
11.65 de
mortalidad y
un 12.7% de
resangrado a
los 14 días
en el grupo
que recibió
tratamiento.
En este
estudio no
se hace
referencia a
la
incidencia
de
vasoespasmo.
Adams y col.
(60,64)
revisaron la
experiencia
con
antifibrinolíticos
en tres
estudios,
dos
randomizados
y uno
prospectivo
fase IV, en
los que se
demostraba
una
reducción
significativa
del
resangrado
entre los
pacientes
tratados con
antifibrinolíticos,
aunque
existía un
aumento de
isquemia
cerebral
retardada e
hidrocefalia.
No se
encontraron
diferencias
en la
mortalidad
en el primer
mes.
Vermeulen y
col
(61)
realizaron
un estudio
con ATX,
randomizado
y controlado
con placebo,
en el que se
incluyeron
479
pacientes.
Sólo 285 de
los
pacientes
randomizados
presentaron
evidencia
angiográfica
de aneurisma.
La
mortalidad
fue de un
28% en los
pacientes
tratados con
ATX y de un
32% entre
los
pacientes
que
recibieron
placebo,
diferencia
no
significativa.
El
resangrado
entre el
grupo ATX
fue de un
9%, mientras
que en el
grupo
placebo un
24%. Este
beneficio se
ve
disminuido
por una
mayor
incidencia
de isquemia
cerebral en
el grupo
tratado (24%
frente a
15%). Dentro
del grupo
placebo, un
51% de la
mortalidad
fue debida a
resangrado y
un 27% a
patología
isquémica,
al contrario
que en el
grupo ATX en
el que la
mortalidad
por
resangrado
fue de un
23% frente a
un 45% de
patología
isquémica.
Pinna y col
(65)
en un
estudio
retrospectivo
en el que
estudian 260
pacientes
que reciben
ATX frente a
90 controles
obtienen
resultados
similares y
apuntan la
posibilidad
de asociar
tratamiento
antivasoespasmo
para mejorar
los
resultados
con
antifibrinolíticos.
La mayoría
de los
ensayos
clínicos con
antifibrinolíticos
se
realizaron
antes de la
introducción
de los
antagonistas
del calcio
en la
prevención
del
vasoespasmo;
Beck y col
(66)
demostraron
que la
combinación
de
nicardipino
y AEAC
mejoraban
los
resultados
disminuyendo
no sólo el
resangrado
sino también
la
incidencia
de isquemia
cerebral
retardada.
Debido a que
los
antifibrinolíticos
se asocian a
una mayor
incidencia
de isquemia
cerebral su
beneficio no
repercute en
cuanto a
resultados
finales.
Recientemente
se han
publicado
los
resultados
del estudio
STAR, ensayo
randomizado
y amplio,
con 462
pacientes.
Este estudio
ha sido
negativo
para
demostrar
que el
tratamiento
anifibrinolítico
(ATX)
combinado
con
antagonistas
del calcio e
hipervolemia
aportara
beneficios
sobre el
tratamiento
con
hipervolemia
y
antagonistas
del calcio
solamente,
cuando se
valora el
pronóstico
medido con
Glasgow
Outcome
Scale, a
pesar que se
obtuviera
una
reducción
significativa
de los
resangrados
(67)
(Nivel
de evidencia
I, grado de
recomendación
A)
2.
VASOESPASMO.
El
vasoespasmo
cerebral
consiste en
el
estrechamiento
del calibre
arterial con
evidencia de
disminución
de la
perfusión
cerebral en
el
territorio
distal de la
arteria
afecta.
Puede
afectar a
uno o más
vasos. Tiene
un periodo
de aparición
característico
entre los
días 3 a 5
tras la HSA,
un máximo
entre los
días 5 a 14
y una
resolución
gradual en
2-4 semanas.(68)
Es la
principal
causa de
morbimortalidad
retardada.
Frecuentemente
se asocia
con
etiología
aneurismática
aunque en
ocasiones
puede
presentarse
en HSA de
otras
etiologías
(52).
Un 30% de
pacientes
con HSA
presentan
vasoespasmo
clínico
(9).
En un 50% de
los casos,
el
vasoespasmo
se
manifiesta
como la
aparición
tardía de un
nuevo
déficit
neurológico
que puede
resolverse o
progresar
hacia un
infarto
cerebral. En
las últimas
series
analizadas
entre un
15-20% de
los
pacientes
presentan un
infarto
cerebral o
fallecen a
consecuencia
del
vasoespasmo.
(69)
La
progresión
hacia un
infarto
cerebral
sucede en un
50% de los
casos
sintomáticos
y la
recuperación
sin déficit
en el otro
50% puede
suceder
incluso con
la
persistencia
angiográfica
de
vasoespasmo
(68).
La cantidad
de sangre
extravasada
al espacio
subaracnoideo
se
correlaciona
con la
aparición de
vasoespasmo.
Los glóbulos
rojos son
hemolizados
y se produce
oxihemoglobina
que induce
la aparición
de radicales
libres los
cuales dan
lugar a una
peroxidación
lipídica, lo
que implica
un
desequilibrio
de la
regulación
del tono
vasomotor
del
endotelio
generando la
aparición de
vasoespasmo.
Durante todo
este proceso
se produce
una
activación
del sistema
de
complemento.(70,71)
La
intensidad
del
vasoespasmo
se
correlaciona
con la
aparición de
síntomas
isquémicos y
con una mala
evolución.
La
localización
del
aneurisma no
influye en
el
desarrollo
del
vasoespasmo,
pero los
vasos
adyacentes
al mismo
suelen
presentar
con mayor
frecuencia
vasoespasmo.(52)
Suele ser
más
frecuente en
mujeres, en
pacientes
con gran
deterioro
neurológico
y por lo
tanto alta
puntuación
en las
escalas
clínicas y
en aquellos
que
presentan
alteraciones
electrocardiográficas.
(70)
Sin
embargo, el
principal
predictor de
la aparición
de
vasoespasmo
es la
cantidad de
sangre en el
espacio
subaracnoideo
(72).
El
diagnóstico
definitivo
es
angiográfico
pero ante la
sospecha
clínica de
vasoepasmo y
apoyado en
estudio con
Doppler
transcraneal,
una prueba
fácilmente
aplicable a
la cabecera
del enfermo,
se deben
emplear
todas las
medidas
terapéuticas
existentes
en la
actualidad
con utilidad
demostrada
para evitar
la
progresión
hacia el
infarto
cerebral.
•
Hipertensión/
Hipervolemia
/
Hemodilución.
(HHH)
Hay varios
estudios no
controlados
(73-75)
que
describen
mejoría y
resolución
de déficits
neurológicos
asociados al
vasoespasmo
tras
producir un
aumento
inducido de
tensión
arterial,
expandir
volumen, y/o
hemodiluir.
Cuando estos
resultados
se comparan
con
controles
históricos,
se observa
una mejoría
de los
resultados
finales
atribuida a
estas
medidas
terapeúticas.
La eficacia
de la
terapia
triple H no
ha sido
demostrada
en ensayos
controlados
y los
estudios
realizados
en cuanto al
flujo
cerebral
tras el
inicio de la
terapia son
contradictorios.
Tampoco hay
estudios
para
determinar
cual de las
tres medidas
es la más
eficaz. Con
esta terapia
la
mortalidad y
la
progresión a
infarto
cerebral es
de un 15% en
las series
con mejores
resultados
(73)
(Nivel
de evidencia
III-V, grado
de
recomendación
C).
En un
estudio
randomizado
reciente,
con una
serie corta
de 82
pacientes no
se demostró
eficacia de
la
hipervolemia
en la
prevención
del
vasoespasmo,
al no
incrementar
el flujo
cerebral. Se
considera
que es
importante
mantener la
normovolemia
y evitar la
hipovolemia.
(76)
El inicio de
este
tratamiento
se asocia a
un alto
riesgo de
insuficiencia
cardiaca,
alteraciones
hidroelectrolíticas,
edema
cerebral,
alteraciones
de la
coagulación
y resangrado
(74)
y ha
de
comenzarse
una vez
clipado o
embolizado
el aneurisma.
El
tratamiento
se continua
hasta
superar el
periodo de
riesgo de
aparición de
vasoespasmo
o hasta la
desaparición
del mismo
según
parámetros
clínicos o
de doppler
transcraneal.
Son precisos
nuevos
ensayos
clínicos
para ampliar
la
documentación
de la
eficacia de
esta
terapia.
•
Antagonistas
del calcio.
La presencia
de calcio
intracelular
es un
elemento
importante a
la hora de
mantener la
contracción
del músculo
liso y a la
vez es un
elemento
crítico en
el proceso
de la muerte
celular. Los
fármacos
antagonistas
del calcio
evitan la
entrada del
calcio en la
célula
bloqueando
los canales
transportadores
del mismo y
por tanto
pueden
prevenir el
vasoespasmo
y sus
consecuencias.
(77)
El
nicardipino
es un
fármaco
bastante
soluble lo
que facilita
su
administración
parenteral a
dosis de
0,075 mg/kg/
hora a 0.15
mg/kg/ hora
durante 14
días. Los
primeros en
emplearlo
como
prevención
del
vasoespasmo
cerebral en
la HSA
fueron Flamm
y col
(78)
que vieron
que una
infusión
continua de
nicardipino
a altas
dosis
disminuía la
frecuencia
de
vasoespasmo
e infarto
cerebral.
Posteriormente
en un gran
estudio
(79)
randomizado
doble ciego
se trataron
449
pacientes
con
nicardipino
y 457 con
placebo y
aunque los
resultados
finales a
los tres
meses fueron
similares en
ambos grupos
hubo un 30%
de descenso
en la
incidencia
de
vasoespasmo
sintomático
en el grupo
que recibió
nicardipino.
En este
estudio se
permitía el
tratamiento
sintomático
del
vasoespasmo
con la
terapia
triple H
observándose
un 26% más
de uso de
esta terapia
en el grupo
placebo.
(Nivel de
evidencia
I-V, grado
de
recomendación
A)
El
nimodipino
es un
fármaco
bastante
seguro y la
mayoría de
los
pacientes lo
toleran
bien.
Angiográficamente
no se ha
demostrado
que afecte
el calibre
vascular
(54).
Disminuye la
tensión
arterial, lo
que a su vez
reduce el
riesgo de
resangrado,
y la
mortalidad
tras HSA de
forma
independiente
del momento
en que se
realice la
cirugía
(80).
La respuesta
hipotensora
frente al
nimodipino
es distinta
en cada
paciente
llegando a
tener que
retirar el
tratamiento
en algunos
pacientes
por
hipotensión
grave, con
la
consiguiente
disminución
del flujo
cerebral
(81).
La cefalea
es otro de
sus efectos
secundarios
más
frecuentes.
Su
metablismo
es hepático
por lo que
las dosis
deben ser
ajustadas en
pacientes
con
insuficiencia
hepática.
Una de las
pautas
habitualmente
empleadas
consiste en
iniciar una
infusión iv
continua a
través de
una vía
central
aumentando
las dosis de
forma
progresiva y
con un
control
estricto de
la tensión
arterial. Se
inicia a un
ritmo de 3
microgr/ kg
de peso /
hora, según
tensiones se
va
incrementando
a un ritmo
de 0.2 mg =
1 ml / hora
hasta llegar
a la dosis
de
mantenimiento
de 30
microgr / Kg
de peso
/hora. El
nimodipino
iv se
mantiene 14
días pasando
entonces a
administración
oral 360 mg/
día hasta el
día 21 de
evolución.
Existe más
experiencia
que con
nicardipino.
Allen y col.
(82)
observaron
que el
nimodipino
administrado
por vía oral
reducía la
gravedad de
los déficits
causados por
isquemia lo
que condujo
a realizar
estudios más
amplios (
Philippon
(83),
Mee
(84),
Petruk
(85)).
Todos estos
estudios
demostraron
eficacia del
nimodipino
disminuyendo
la
morbilidad
secundaria a
isquemia
cerebral
retardada
pero no
demostraron
influir en
la
mortalidad.
Es el
estudio de
Pickard
(86)
el que
consigue
demostrar
por primera
vez una
reducción en
la
mortalidad,
confirmado
posteriormente
por Öhman y
col
(87).
En el
metanalisis
realizado
por Barker y
col
(88)
que analiza
1202
pacientes
procedentes
de 7 ensayos
clínicos,
entre los
que se
incluyen los
anteriormente
mencionados,
resulta
estadísticamente
significativa
la mejoría
clínica en
el grupo
tratado con
nimodipino
frente a
placebo
(p=0.004).
(Nivel de
evidencia
I-V, grado
de
recomendación
A) . Un
estudio
reciente
sugiere que
el
nimodipino
produce un
aumento de
actividad
fibrinolítica
en plasma
(89).
El mecanismo
de acción a
través de
una
disminución
del
inhibidor
del
activador
tisular del
plasminógeno.
El trabajo
demuestra
que existen
diferencias
significativas
entre los
pacientes
tratados y
no tratados
con
nimodipino.
Se trata,
sin embargo,
de una
muestra
corta.
• Otras
terapias.
El mesilato
de tirilazad
es un 21-aminoesteroide
no-glucocorticoide
que presenta
acción
antioxidante,
quelante de
hierro e
inhibidora
de la
peroxidación
lipídica.
Kassel y col
(90)
realizaron
un ensayo
clínico
randomizado
comparando
placebo y
nimodipino
i.v versus
nimodipino
i.v. y
tirilazad en
dosis de 0.2
mg/ kg de
peso ó 6 mg/
kg de peso
en 1023
pacientes.
Observaron
que el grupo
tratado con
tirilazad en
dosis de 6
mg/ kg de
peso
disminuía el
vasoespasmo,
la
mortalidad y
mejoraba la
situación
funcional a
los tres
meses,
aunque estos
resultados
sólo fueron
significativos
en hombres,
no
encontrando
diferencias
en los otros
grupos.
En otro
ensayo
llevado a
cabo por
Haley y col
(91)
se
analizaron
897
pacientes
distribuidos
en tres
grupos
comparando
placebo,
tirilizad
2mg/ kg de
peso y 6 mg/
kg de peso,
y todos
ellos
recibieron
además
nimodipino
oral. El
tratamiento
se inició en
las primeras
48 horas y
se mantuvo
durante 10
días. No se
encontraron
diferencias
en cuanto a
morbimortalidad
ni en la
incidencia
de isquemia
cerebral
retardada en
los tres
grupos ni a
los 14 días
ni a los
tres meses,
salvo una
disminución
en la
frecuencia
de
vasoespasmo
en el grupo
de tirilizad
6 mg/ kg de
peso en
pacientes
varones con
Hunt y Hess
IV y V. Los
resultados
diferentes
en ambos
estudios han
intentado
explicarse
por los
distintos
criterios de
inclusión de
los
pacientes y
por los
protocolos
de
tratamiento,
fundamentalmente
por el uso o
no de
anticonvulsivos.
Posteriormente
se han
publicado
los
resultados
de otros dos
grandes
estudios con
dosis altas
de tirilazad
(15 mgrs./
Kg), solo
uno de ellos
ha
demostrado
beneficio en
las mujeres
con HSA
aneurismática
y grados de
Hunt y Hess
altos ( IV y
V) (92,
93)
(Nivel de
evidencia II-V,
grado de
recomendación
B)
La aspirina
se mostró
como un
medicamento
seguro y
posiblemente
efectivo en
un estudio
corto de 50
pacientes
realizado
para
comparar
aspirina
contra
placebo
después la
intervenir
el aneurisma.
y valorar la
situación
funcional a
los cuatro
meses. Se
necesitan
estudios más
amplios para
poder
corroborar
estos
resultados.
(Nivel de
evidencia II-V,
grado de
recomendación
C) (94)
Las
reacciones
desencadenadas
por los
radicales
libres
pueden ser
inhibidas
por la
superóxido
dismutasa y
los
derivados
del
tropolone
(U88999E), y
actualmente
se están
desarrollando
estudios en
modelos
animales.
(95,
96).
Otro
captador de
radicales
libres, en
este caso
sin efecto
vasoactivo
es el
nicaraven (
AVS
((+/-)-N, N´-propylenedinicotinamide).
Asano y col
(97)
realizaron
un estudio
multicéntrico
doble ciego
en el que se
incluyeron
162
pacientes
con HSA a
los que se
administró 4
g AVS iv o
placebo en
los primeros
5 días tras
el episodio
hasta
completar 10
– 14 días.
La isquemia
cerebral
retardada se
redujo en un
34.5%, p<
0.05; hubo
una mejoría
en la escala
de Glasgow
significativa
a los
treinta días
y una
reducción en
la
mortalidad a
tres meses.
(Nivel de
evidencia II-V,
grado de
recomendación
B)
Estudios
preliminares
en animales
han
demostrado
la eficacia
del FUT-175,
mesilato de
nafamostato,
un inhibidor
del sistema
de
complemento,
en la
prevención
del
vasoespasmo
tras HSA
(98).
En un
estudio no
randomizado,
el
nitroprusiato
sódico
administrado
por vía
intratecal
demostró ser
efectivo y
seguro en el
tratamiento
del
vasoespasmo
refractario
en pacientes
con
Hemorragia
subaracnoidea
grados III-V.
Son
resultados
provisionales
que
necesitan
ser
ampliados.
(99)
Hay un
estudio
prospectivo
y
randomizado
en marcha
para ver la
eficacia del
rt-PA
intratecal
en la
prevención
del
vasoespasmo
(100), dado
que existe
suficiente
evidencia
clínica y
experimental
de que la
severidad
del
vasoespasmo
se
correlaciona
con la
cantidad de
sangre en el
espacio
subaracnoideo
(71)
(Nivel
de evidencia
III-V, grado
de
recomendación
C).
La
administración
de urokinasa
intratecal
tras el
clipaje del
aneurisma se
realizó en
un grupo de
28 pacientes
en el grupo
3 de Fisher
observándose
vasoespasmo
sintomático
en solo 3 de
los casos.
(101)
(Nivel de
evidencia
III-V, grado
de
recomendación
C)
Otras
futuras
terapias
consistirían
en:
bloqueantes
de
receptores
de la
endotelina (BQ-123),
inhibidores
de la
proteín-kinasa
C (71),
y péptido
relacionado
con el gen
de la
calcitonina
(102).
Hay varios
estudios no
controlados
que
demuestran
una
importante
mejoría de
la situación
neurológica
tras
angioplastia
transluminal
en aquellos
pacientes
con
vasoespasmo
refractario
al
tratamiento
medicamentoso.
Existe
mejoría en
un 60-80% de
los
pacientes y
en la gran
mayoría no
se observa
recurrencia
del
vasoespasmo.
Un 5% de los
casos puede
complicarse
con rotura
vascular
(103, 104).
Son
necesarios
estudios
controlados.
(Nivel de
evidencia IV-V,
grado de
recomendación
C)
RECOMENDACIONES
1. El reposo
en cama o el
tratamiento
antihipertensivo
son útiles
como medidas
coadyuvantes.
2. El uso de
antifibrinolíticos
no está
indicado
3. Terapia
triple H es
útil para la
prevención
del
vasoespasmo,
aplicada una
vez excluido
el aneurisma.
4. Se
recomiendan
los
antagonistas
del calcio,
nimodipino o
nicardipino
para la
prevención
del
vasoespasmo.
5. El
tratamiento
con
angioplastia
transluminal
puede ser
eficaz en el
tratamiento
del
vasoespasmo
resistente a
la terapia
convencional.
3.
COMPLICACIONES
MEDICAS
ASOCIADAS A
LA HSA.
Dentro del
grupo de
pacientes
que tras una
HSA presenta
una mala
evolución,
el 40% es
consecuencia
de
complicaciones
médicas,
distintas al
vasoespasmo
o resangrado,
surgidas
tras el
episodio de
sangrado
inicial por
lo que es
importante
su
diagnóstico
y
tratamiento
precoz. (Tabla
2.)
Analizar el
tratamiento
de las
muchas
complicaciones
médicas que
pueden
surgir queda
fuera del
alcance de
esta guía,
por lo que
comentaremos
brevemente
el
tratamiento
de la
hidrocefalia
y las
convulsiones.
•
Hidrocefalia.
La presencia
mantenida de
sangre en el
espacio
subaracnoideo
puede
producir un
bloqueo en
el mecanismo
de
reabsorción,
dando lugar
a la
aparición de
hidrocefalia
por lo que
las terapias
encaminadas
a disminuir
la sangre
subaracnoidea
producirán a
su vez una
disminución
en la
frecuencia
de la
hidrocefalia.
La HSA es
una de las
principales
etiologías
del cuadro
de
hidrocefalia
normotensiva.
Su
incidencia
es variable
dependiendo
de los
criterios
elegidos
para su
diagnóstico
y corre
paralela al
grado de
afectación
clínica
siendo más
frecuente en
pacientes
con Hunt y
Hess IV-V.
Basados en
criterios de
TAC la
hidrocefalia
en la fase
aguda está
presente en
un 63% de
los casos
(105);
según
criterios
clínicos
(disminución
del nivel de
conciencia,
déficit
motor
bilateral,
miosis y
desviación
ocular
inferior) la
incidencia
está entorno
al 14-
34%.(106) y
la
frecuencia
de la
hidrocefalia
inicialmente
sintomática
es aún
menor,13.2%
(107).
Parece
existir una
asociación
entre la
presencia de
hidrocefalia
y la
aparición de
vasoespasmo
(103).
Su
tratamiento
es
controvertido
y no existen
ensayos
clínicos al
respecto.
Aunque la
hidrocefalia
en la fase
aguda suele
resolverse
espontáneamente,
muchos
pacientes
requieren la
implantación
de una
derivación y
entre un
50-80%
presentaran
una mejoría
(106,108).
(Nivel de
evidencia IV-V,
grado de
recomendación
C) Existe un
aumento del
riesgo de
resangrado
y/o
infección,
meningitis/ventriculitis
asociado a
este
procedimiento.
Se
recomienda
hacer un
seguimiento
de
neuroimagen
para valorar
la evolución
de la
hidrocefalia
y tomar una
actitud
expectante
frente a la
implantación
de una
válvula,
salvo gran
deterioro
clínico.
Entre las
medidas
médicas
encaminadas
al
tratamiento
de la
hidrocefalia
están el
empleo de
esteroides,
manitol o
punciones
lumbares de
repetición
(108).
•
Convulsiones.
Aproximadamente
un 25% de
los
pacientes
con HSA
desarrollarán
crisis
convulsivas
y la mayoría
en las
primeras 24
horas.(52)
Las crisis
durante el
periodo de
hospitalización
son
infrecuentes
pero en el
caso de
producirse
incrementan
el riesgo de
resangrado.
Los factores
de riesgo
para
presentar
crisis tras
una HSA
incluyen:
aneurismas
en el
territorio
de la
arteria
cerebral
media,
infarto,
hematoma
intraparenquimatoso
y
antecedentes
de
hipertensión
arterial
(110,111).
No existen
amplios
estudios
controlados
para
responder a
la cuestión
del uso de
antiepilépticos
de forma
profiláctica
en fase
aguda tras
HSA.
Estudios no
randomizados
indican un
beneficio a
favor del
tratamiento
con
antiepilépticos,
pero el
número de
pacientes
observados
es muy
reducido
para poder
extraer una
recomendación.
(112)
(Nivel de
evidencia
III-V, grado
de
recomendación
C).
RECOMENDACIONES
1. Se
recomienda
la
implantación
de un
drenaje de
derivación
ventriculo-
peritoneal
en la
hidrocefalia
secundaria a
HSA en
pacientes
con
deterioro
clínico
evidente y
estudio de
neuroimagen
compatible.
2. No
existen
datos
concluyentes
que permitan
recomendar
el uso
profiláctico
de
anticomiciales
en la HSA
aneurismática.
4.
TERAPIA
ENDOVASCULAR
EN LA
HEMORRAGIA
SUBARACNOIDEA
La ruptura
de un
aneurisma da
lugar al
cuadro de la
HSA. El
hecho
fundamental
del
tratamiento
en esta
entidad es
prevenir el
resangrado
del mismo.
Clásicamente
se ha hecho
clipando el
aneurisma
mediante
tratamiento
quirúrgico,
tanto en los
aneurismas
rotos como
en los
íntegros.
Dicha
situación
empieza a
cambiar de
forma clara,
cuando en
1991 ,
Guglielmi
introdujo
los coils (GDC)
, como un
método
alternativo
a la cirugía
, para
tratar
aneurismas
seleccionados.
La finalidad
de este
tratamiento
es impedir
el flujo de
sangre en el
interior del
saco
aneurismático
mediante la
introducción
de los coils,
produciendo
una
trombosis
del propio
aneurisma.
Dicho método
presenta
ventajas en
relación a
la cirugía.
Se realiza
bajo
anestesia
general y en
el momento
del
diagnóstico
angiográfico,
se puede
realizar el
tratamiento
simultáneamente.
La
embolización
mediante GDC
continua
evolucionando,
existiendo
en la
actualidad
gran número
de coils de
diferentes
tamaños, y
recientemente
se han
introducido
coils
“blandos”
que se
adaptan
mucho mejor
al fondo de
saco y
permiten, en
manos
expertas
ocluir mayor
número de
aneurismas.
La terapia
endovascular
sigue
evolucionando
desde un
punto de
vista
técnico y se
ha
constituído
como una
alternativa
real al
tratamiento
quirúrgico
del
aneurisma
intracraneal.
En los
últimos
años, la
utilización
por parte de
neurorradiólogos
intervencionistas
expertos, de
nuevos
microcatéteres
y microguías,
les han
permitido
llegar a los
aneurismas y
excluirlos
de la
circulación,
mediante la
utilización
de
diferentes
materiales
de
embolización.
En este
sentido el
advenimiento
de los coils
de Guglielmi
(Guglielmi
detachable
coil) (GDC)
ha
constituido
una avance
importantísimo
en el
tratamiento
de la
hemorragia
subaracnoidea
por rotura
de aneurisma
(113,114).
El coil de
platino se
suelta
mediante
electrolisis,
adaptándose
al fondo de
saco del
aneurisma.
Dicho
tratamiento
se ha usado
tanto en
aneurismas
rotos como
íntegros y
los
resultados
son
ampliamente
satisfactorios.
(115-121).
Los
resultados
de las
series
quirúrgicas
de
aneurismas
rotos, se
han
mantenido
muy estables
en los
últimos 20
años y, sólo
el 30% de
los
pacientes
intervenidos
recuperan el
estado
neurológico
previo a la
enfermedad
(115). El
tratamiento
endovascular
intenta
reducir el
riesgo y
aumentar los
beneficios
del
tratamiento
precoz en la
hemorragia
subaracnoidea.
En el
momento
actual, las
técnicas que
se usan para
la oclusión
de los
aneurismas
son
fundamentalmente
dos:
A- Técnicas
de oclusión
del
aneurisma
mediante el
sacrificio
de la
arteria
portadora.
B- Técnicas
de
obliteración
del
aneurisma
con
conservación
de la luz de
la arteria
portadora.
A-
Técnicas de
oclusión del
aneurisma
mediante el
sacrificio
de la
arteria
portadora:
Dicha
técnica, que
se usa para
la
obliteración
de
aneurismas
grandes o
gigantes, se
halla bien
descrita en
la
literatura
(122).
Son
aneurismas
saculares o
fusiformes y
se localizan
tanto en la
circulación
cerebral
carotídea
como
vértebrobasilar.
La
presentación
clínica
puede ser de
HSA, si
existe una
ruptura,
efecto de
masa,
isquemia o
crisis
comiciales.
La presencia
de
calcificaciones
en su
interior no
excluye el
hecho de que
puedan
romperse y
dar lugar a
una HSA.
Antes de la
oclusión de
la arteria,
en este tipo
de
aneurismas
debe existir
un estudio
de la
anatomía del
mismo,
(tamaño,
localización
calcificaciones,
trombos) de
la
circulación
colateral y
de la
perfusión y
función
cerebral.
La anatomía
del
aneurisma
puede ser
estudiada
mediante las
diferentes
técnicas de
neuroimagen
(TAC, RM,
Angio-TAC,
Angio-RM) y
por
angiografía
digital.
La
circulación
colateral
debe ser
estudiada
mediante
angiografía
digital. La
angio-RM
puede dar
una idea
aproximada
de las
características
del círculo
de Willis,
pero no de
los aspectos
dinámicos.
Durante la
angiografía,
la oclusión
mecánica
temporal de
las arterias
del cuello,
informa de
forma clara,
del
funcionalismo
de las
arterias
comunicantes
anteriores y
posteriores
como
arterias
colaterales
de la
circulación
cerebral .
La función y
perfusión
cerebral,
puede ser
estudiada
mediante EEG,
SPECT
cerebral, o
parenquimografía
cerebral.
La
evaluación
funcional
del cerebro
es
fundamental,
previa al
sacrificio
de la
arteria
portadora
del
aneurisma,
para evitar
una isquemia
cerebral.
Por ello, la
arteria
portadora es
ocluida de
forma
temporal,
mediante un
balón,
durante
20-30
minutos. En
este tiempo
se realiza
un
seguimiento
clínico, EEG
y/o con
SPECT del
paciente.
La oclusión
definitiva
de la
arteria
portadora,
se realiza
proximálmente
al aneurisma
gigante o
distálmente
al mismo,
inmediatamente
después. Los
partidarios
de esta
última
técnica,
quieren
evitar los
posibles
embolismos
distales,
cuando el
aneurisma
está en vías
de
trombosarse.
Los balones
siguen
siendo el
material más
usado para
la oclusión
definitiva
de una
arteria
portadora.
En manos
expertas, el
procedimiento
es rápido,
barato y
fácil.
Dichos
balones son
de látex o
silicona. El
balón es
colocado
(“largado”)
en el lugar
preciso, si
el paciente
tolera la
oclusión
temporal de
la arteria y
la
angiografía
demuestra,
que existe
una buena
circulación
colateral.
En muchas
ocasiones se
coloca otro
balón de
seguridad,
proximal al
primero para
evitar
problemas en
caso de que
uno se
deshinche.
En algunos
casos de
aneurismas
gigantes,
deben usarse
coils de
Guglielmi,
antes de
ocluir la
arteria
portadora.
Es el caso
de los
aneurismas
gigantes
carótido-oftálmicos.
La oclusión
de la
arteria
portadora
constituye
una técnica
apropiada
para los
aneurismas
gigantes,
que
presentan
una
morbimortalidad
muy alta en
la cirugía.
El
seguimiento
a largo
término de
dichos
aneurismas
mediante
angio-RM o
angiografía
digital,
demuestra la
oclusión
progresiva y
la
disminución
de tamaño
del
aneurisma,
mejorando el
efecto de
masa.
En los
últimos
años, para
evitar la
oclusión de
la arteria
portadora
del
aneurisma se
han
desarrollado
nuevas
técnicas:
Una es la
denominada
“remodelling”
o
reconstrucción
del
aneurisma.
(123)
Dicha
técnica se
usa
fundamentalmente
en los
aneurismas
de cuello
ancho y en
los
aneurismas
fusiformes.
Otra técnica
que se ha
empezado a
usar muy
recientemente
es la
colocación
de un
“stent”
intracraneal
en los
aneurismas
que tienen
las
características
anteriores.
B-
Técnicas de
obliteración
del
aneurisma
conservando
la luz de la
arteria
portadora.
En el
momento
actual los
GDC (Guglielmi
Detachable
Coils) han
sustituido a
los
materiales
anteriores
(balones,
agentes
químicos,
otros tipos
de coils)
que no
permitían un
control
estricto de
la técnica,
aunque los
materiales
siguen
evolucionando
y se han
introducido
nuevos coils
(Cook) en
los dos
últimos
años. Los
GDC fueron
introducidos
por
Guglielmi en
1989
(113,114);
se realiza
una
cateterización
endovascular
del
aneurisma y
se van
introduciendo
microcoils
de platino
en su
interior,
que se
sueltan
mediante un
mecanismo
eléctrico
consiguiendo
su oclusión.
Habitualmente
se hacen
servir
varios coils
de diferente
diámetro y
longitud,
hasta
conseguir
rellenar el
aneurisma.
Los
fenómenos
trombóticos
posteriores
acaban
excluyendo
al aneurisma
de la
circulación.
Los
resultados
anatómicos
de la
embolización
con GDC
están en
relación
directa con
el diámetro
del cuello
del
aneurisma;
si existe un
cuello bien
formado y
estrecho la
embolización
será mejor.
En cuanto al
resultado de
la
embolización,
la
localización
del
aneurisma y
el estado
clínico del
paciente
tienen menor
importancia.
En las
series
publicadas,
existe un
cierto
predominio
de
aneurismas
vértebrobasilares;
ello es
debido, a
que dichos
aneurismas
son
difíciles de
operar, y
por lo tanto
han
constituído
durante
años, la
indicación
preferente
para la
embolización.
A medida que
ha ido
pasando el
tiempo, todo
tipo de
aneurismas
han sido
embolizados
y cada vez
es más
frecuente el
hecho, de
que sea la
primera
opción
terapéutica.
La
embolización
con coils
puede ser
hecha en la
fase aguda
de la HSA.
El paciente
puede ser
embolizado
en el mismo
momento en
que se
realiza la
arteriografía
diagnóstica.
Ello permite
luchar de
forma más
efectiva,
contra el
vasoespasmo
que puede
aparecer en
los días
sucesivos.
Asimismo la
técnica
endovascular,
permite
ocluir
varios
aneurismas
en un mismo
procedimiento.
En los
pacientes
embolizados,
se realizan
controles
angiográficos
periódicos
(6 meses, 1
año, 2 años
) que
permiten re-embolizar
en los casos
en que ha
habido una
recanalización
. En una
serie de
Viñuela et
al.(124)
un
control
angiográfico
a los seis
meses,
demostró que
existía una
recanalización
parcial,
secundaria a
la
compactación
del coil en
el fondo de
saco del
aneurisma,
en un 3.6 %
de los
aneurismas
de cuello
pequeño, en
un 12.2% de
aneurismas
pequeños de
cuello
ancho, en un
23% de
aneurismas
mayores de
10 mms, y en
un 37% de
aneurismas
gigantes.
(más de 25
mms.) En un
5.2% de
aneurismas
embolizados,
fue
necesario la
intervención
quirúrgica
para clipar
defintivamente
el cuello.
Es frecuente
que sean
necesarias
varias
sesiones de
embolización
para
conseguir la
oclusión
completa de
un aneurisma.
La
embolización
parcial de
un aneurisma
previene el
resangrado.
Las
complicaciones
más
frecuentes
de la
embolización
son: la
perforación
del
aneurisma
(2.4%),
embolización
cerebral
(2.7%),
oclusión de
la arteria
portadora
(2.4%),
disección de
la arteria o
del cuello
del
aneurisma
(0.61%), y
la ruptura
del coil
(0.9%). Cabe
decir que la
mayor parte
de dichas
complicaciones
pueden ser
resueltas,
en el mismo
momento de
la técnica.
Los
principales
problemas
del
tratamiento
endovascular
consisten en
el
resangrado
del
aneurisma
cuando no ha
sido
perfectamente
ocluído, el
efecto del
tratamiento
en la
incidencia
del
vasospasmo y
las
complicaciones
técnicas.
Resangrado:
Las series
quirúrgicas
han
demostrado
el potencial
resangrado
de los
aneurismas
cuando no
han quedado
perfectamente
clipados.
(125)
Por
ello, el
hecho
fundamental
del
tratamiento
endovascular
es la
oclusión
total del
aneurisma.
El grado de
oclusión
completa de
los
aneurismas,
varía entre
un 70-85%
según las
series
(116,124,126,127).
En ocasiones
se requiere
más de una
sesión de
embolización.
En este
sentido es
más fácil
una oclusión
total cuando
el cuello
del
aneurisma es
pequeño y
está
perfectamente
delimitado
(128,129).
En el
estudio de
Kuether et
al
(130),
de 74
pacientes,
el 40% de
los mismos
pudieron
ocluirse de
forma total
(100%), 52%
tuvieron una
oclusión
entre el
90-99%, y un
8%
presentaron
una oclusión
incompleta .
Al cabo de
1,9 años de
seguimiento,
no hubo
ningún caso
de
resangrado
de los
aneurismas
que habían
sido
ocluídos
totalmente;
en los de
oclusión
entre el
90-99%, hubo
una
incidencia
de
resangrado
de 2,6 %
(tasa de 1,4
% anual), y
en los de
oclusión
incompleta,
la
incidencia
de
resangrado
fue del
16,7%, (1 de
cada 6
pacientes)
después de
2,4 años,
con una tasa
anual del
7,3 %. En
otras series
de la
literatura,
en
aneurismas
rotos, el
resangrado
después del
tratamiento
endovascular
varía entre
6,25% y un
27 %.
(116,120,127
)
El estudio
de Raymond y
Roy
(128)
diferencia
entre
oclusión
incompleta y
cuello
residual,
constatando
que el
resangrado
se produce
en los que
presentan un
cuello
residual.
También
constatan la
reapertura
del
aneurisma
por
compactación
de los coils
en el fondo
de saco del
aneurisma.
Es necesario
realizar más
estudios con
seguimiento
a largo
plazo, para
conocer los
casos
susceptibles
de
resangrado y
reapertura
de los
aneurismas,
y así poder
decidir el
tipo de
tratamiento
necesario.
Vasospasmo:
El
reconocimiento
de una mayor
incidencia
de
vasospasmo
en los
pacientes
tratados de
forma
endovascular
, es
controvertido.
(131)
En una
reciente
revisión del
tema
(132),
se comparan
los
resultados
de cinco
estudios
recientes,
en que se
tratan los
aneurismas
de forma
endovascular
y se
contraponen
a los
resultados
de varias
series
quirúrgicas.
En el
estudio de
Debrun et al
(133)
se
presentan
los datos de
144
pacientes
divididos en
dos grupos,
que
representan
la
experiencia
inicial y la
tardía. El
primer grupo
está formado
por los
pacientes
excluídos de
la cirugía y
el segundo
basado en
criterios de
geometría
del
aneurisma,
especialmente
el diamétro
del cuello.
En 55
pacientes
con HSA (Hunt
y Hess grado
I, 24%; II,
29%; III,
25%; IV,
14%; y V,
7%), se
obtuvo un
resultado
excelente
(Glasgow
Outcome
Scale I) en
el 74%, con
una
morbilidad
relacionada
con el
procedimiento
del 3,6% y
una
mortalidad
del 1,8%
(morbilidad
y mortalidad
total del
7,2 y 17,8 %
respectivamente).
En 89
pacientes
que no
habían
sangrado, un
resultado
excelente
fue obtenido
en el 90% de
los casos,
con una
morbilidad
en relación
con el
tratamiento
del 2,2% y
una
morbimortalidad,
no
relacionada
con el
tratamiento
del 2,2 y
7,8%
respectívamente.
Kuether et
al
(130)
publican los
resultados
de 74
pacientes,
40% con HSA
después de
un
seguimiento
de 4,5 años.
Después del
tratamiento
endovascular
con coils,
81% de los
pacientes
con grados
I/II de Hunt
y Hess eran
independientes;
el 100% de
los
pacientes
con grado
III eran
independientes
y ésto
sucedía en
el 50% de
los de grado
IV/V. La
morbi-mortalidad
del
procedimiento
fue del 9,1
y 7,8%
respectivamente.
Cognard et
al
(133)
presentan
182
pacientes,
150 con HSA
( Hunt y
Hess grado I
, 61%; II,
17%; III,
9%; IV,3%;
V, 9%) y 58
con
aneurismas
íntegros. De
167
pacientes
que
sobrevivieron
a largo
plazo, 83%
presentaban
un grado I
de la
Glasgow
Outcome
Scale, con
una morbi-mortalidad
total de 6,5
y 8,7%
respectivamente.
Viñuela et
al
(124)
presentan
los
resultados
de 403
pacientes
tratados con
GDC
divididos
según la
escala de
Hunt y Hess
( grado I,
20,3%; II,
26,1%; III,
30,0%; IV,
17,1%; y V,
6,5%). El
84,9% de los
pacientes
mejoran o se
estabilizan
neurológicamente,
con una
morbimortalidad
global del
8,9 y 6,2 %
respectivamente.
Comparan sus
resultados
con series
quirúrgicas
previas, con
similar
distribución
en la escala
de Hunt y
Hess y una
morbimortalidad
total del
23% y 21%
respectivamente
(134),
14% y 27%
respectivamente
(135)
y 16% de
mortalidad
(136).
Raymond y
Roy (127)
tratan 75
pacientes
con método
endovascular
y una
distribución
según la
escala de
Hunt y Hess
( grado I,
24%; II,
17%; III,
40%; IV,
15%; V, 4%).
Obtienen un
resultado
excelente en
el 82% de
los
pacientes
con grados I
a III, con
una
morbimortalidad
relacionada
con el
tratamiento
del 8%.
En una
revisión
reciente
(132)
se
concluye que
las técnicas
endovasculares
son una
opción
razonable,
tanto en el
tratamiento
de los
aneurismas
que han
producido
una HSA,
como en los
íntegros.
(Nivel de
evidencia IV-V,
Grado de
recomendación
C)
Sin embargo,
la
comparación
con las
series
quirúrgicas,
es
complicada
porque las
poblaciones
estudiadas
son
diferentes,
así como la
metodología
de
evaluación
del
seguimiento
de los
pacientes.
En
definitiva,
a medida que
transcurre
el tiempo,
las técnicas
endovasculares
se van
imponiendo
lentamente
en el
tratamiento
de los
aneurismas,
si bien
deben
plantearse
estudios de
seguimiento
a largo
plazo y de
comparación
con la
cirugía,
para ir
perfilando
las
indicaciones
precisas de
cada una de
ellas.
5.
TRATAMIENTO
QUIRURGICO.
El
tratamiento
quirúrgico
de la HSA
puede tener
diferentes
objetivos:
reducir el
riesgo de
resangrado
del
aneurisma
mediante el
clipaje del
mismo,
prevenir y
resolver las
consecuencias
neurológicas
de la
hidrocefalia
con la
colocación
de un
drenaje
ventricular
o disminuir
el efecto
masa y el
vasoespasmo
arterial
mediante la
evacuación
de la sangre
intracraneal
(137).
El Estudio
Cooperativo
de
Aneurismas
demostró que
la cirugía
directa del
aneurisma (clipaje
o wrapping)
realizada en
los tres
primeros
meses tras
la HSA se
asociaba con
una
reducción
significativamente
del riesgo
de
resangrado
en
comparación
con el
reposo en
cama, la
ligadura
carotídea o
la
hipotensión
(138)
(Nivel
de evidencia
II-V, Grado
de
recomendación
B)
. Sin
embargo, no
existen
estudios
randomizados
que comparen
la cirugía
precoz con
la cirugía
diferida.
Por ello, la
elección del
momento más
adecuado
para su
realización
es un tema
todavía
debatido. En
el Estudio
Cooperativo
Internacional
sobre el
momento de
la cirugía
del
aneurisma se
observó que
el
resangrado
prequirúrgico
era inferior
en los
pacientes
con cirugía
precoz (5.7%
si eran
tratados en
los primeros
3 días)
comparado
con los
tradados de
forma
diferida
(12.7% y
21.5% si
eran
tratados a
partir de la
primera y
segunda
semana
respectivamente)
(28,53).
Sin embargo,
la evolución
clínica a
largo plazo
de los
pacientes
fue similar
en ambos
grupos. En
un estudio
prospectivo
no
randomizado
se observó
una menor
mortalidad
en los
pacientes
con cirugía
precoz
(139).
En otro
estudio
retrospectivo
no se
observaron
diferencias
en la
mortalidad
de los
pacientes
tratados con
cirugía
precoz o
diferida
excepto en
el subgrupo
de pacientes
con estado
clínico
deteriorado
(grados IV-V
de Hunt y
Hess)
(117).
En general,
se practica
la cirugía
precoz del
aneurisma en
aquellos
pacientes
con buena
situación
clínica (Hunt
y Hess
1-2-3)
(54)
(Nivel de
evidencia II-V,
Grado de
recomendación
B)
La
morbimortalidad
quirúrgica
depende de
factores
como la
complejidad,
tamaño,
localización
del
aneurisma
así como del
estado
neurológico
prequirúrgico
(53,54).
La
morbimortalidad
quirúrgica
en la HSA
depende
también de
la
experiencia
del centro
hospitalario
en el manejo
de este tipo
de
patología.
Las
decisiones
sobre en qué
momento se
debe
realizar la
cirugía, el
abordaje
quirúrgico o
la
posibilidad
del
tratamiento
previo del
aneurisma
con técnicas
endovasculares
deben
analizarse
particularmente
en cada caso
(54,
137).
La
utilización
de
corticoides
antes de la
cirugía no
está apoyado
por ningún
ensayo
clínico
(54).
La duración
de la
hipotensión
durante la
cirugía debe
limitarse al
máximo,
mientras que
otras
medidas como
la oclusión
temporal de
la arteria
aferente del
aneurisma
durante la
disección
del
aneurisma,
el by-pass
transitorio,
o la
utilización
de la
hipotermia
debe
estudiarse
en cada caso
(54,
137).
Algunos
aneurismas,
en
particular
los
fusiformes y
los
gigantes, no
pueden ser
clipados y
se emplean
otras
técnicas
como el
wrapping, la
aneurismorrafia,
o la
excisión y
posterior
reconstrucción
vascular
(54,137).
La oclusión
permanente
de la
arteria
aferente del
aneurisma o
la ligadura
carotídea
puede estar
indicada en
casos
seleccionados.
Existe
evidencia
clínica y
experimental
que
relaciona la
gravedad del
vasoespasmo
con la
cantidad de
sangre en el
espacio
subaracnoideo.
Aunque no
existen
estudios
randomizados,
en algunos
casos de HSA
con
hematomas
parenquimatosos
y deterioro
clínico del
paciente,
puede estar
indicado el
drenaje
quirúrgico
del mismo
(54,
137).
En pacientes
con
hidrocefalia
aguda
obstructiva
y deterioro
del nivel de
conciencia
se
recomienda
la
colocación
de un
drenaje
ventricular
aunque puede
incrementar
el riesgo de
resangrado e
infecciones
(54).
En
pacientes
con
hidrocefalia
crónica
sintomática
se puede
colocar un
drenaje
ventricular
permanente
(54).
No existen
por el
momento
estudios
prospectivos
y
randomizados
que comparen
la cirugía y
el
tratamineto
endovascular
en pacientes
con HSA. En
el
International
Subarachnoid
Aneurysm
Treatment
Study los
pacientes
están siendo
randomizados
a cirugía o
terapia
endovascular
(140).
Existe un
estudio
randomizado
con pocos
pacientes en
el que no se
observaron
diferencias
en cuanto a
pronóstico
entre ambos
procedimientos
(141).
Tampoco se
ha
demostrado
que la
incidencia
de
vasoespasmo
sea
diferente en
pacientes
tratados con
cirugía
precoz o
tratamiento
endovascular
(131).
Se han
publicado
dos
meta-análisis
con más de 3
mil
pacientes
sometidos a
cirugía
donde se
describe una
mortalidad
entre el
1-2.6% y una
morbilidad
del 4-10.9%
(142,143).
Sin
embargo, el
estudio más
importante
por su
diseño
prospectivo
es el
International
Study of
Unruptured
Intracranial
Aneurysms (ISUIA)
donde se
evaluó el
riesgo
asociado a
la cirugía
de los
aneurismas
asintomáticos
(37).
La
morbimortalidad
asociada a
la cirugía
evaluada de
forma
prospectiva
con la
escala de
Rankin (mRS
(2) en 1172
pacientes
fue del 15%
en le primer
año en
pacientes
sin historia
de HSA por
un aneurisma
diferente y
del 13% en
el primer
año en
pacientes
con historia
de HSA por
un aneurisma
diferente.
La edad fue
el único
factor
predictivo
de la
morbimortalidad
quirúrgica.
El riesgo de
complicaciones
fue del 32%
en pacientes
mayores de
64 años
mientras que
en aquellos
menores de
45 años el
riesgo fue
del 6%. El
riesgo
quirúrgico
de un
aneurisma
asintomático
menor de 10
mm en
pacientes
sin historia
previa de
HSA fue el
doble del
riesgo de
ruptura
(7.5%).
Otros
factores que
afectaban al
riesgo
quirúrgico
son la
localización
del
aneurisma
(más riesgo
en
circulación
posterior),
la
experiencia
del equipo
quirúrgico y
la presencia
de síntomas
por efecto
masa.
Se han
publicado
recientemente
varios
estudios no
randomizados
que
demuestran
una menor
morbimortalidad
con el
tratamiento
endovascular
comparado
con el
clipaje en
aneurismas
asintomáticos
(39,40,143,144).
No existen
hasta el
momento
estudios
randomizados
que comparen
la eficacia
de la
terapia
endovascular
con el
clipaje
quirúrgico
de los
aneurismas
asintomáticos.
RECOMENDACIONES
1. Se
recomienda
la exclusión
del
aneurisma
por técnica
endovascular
o quirúrgica
2. La
actuación
precoz (<72
horas)
disminuye el
riesgo de
resangrado.
La cirugía
precoz no
está
indicada en
pacientes
con
situación
clínica
desfavorable
(grados de
Hunt y Hess
IV y V)
3. En caso
de realizar
tratamiento
endovascular,
es necesario
realizar un
seguimiento
angiográfico
de al menos
2 años, para
el
despistaje
de la
recalización
parcial del
aneurisma
embolizado,
factor
asociado con
el
resangrado.
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|
Figura 1.- Sistemática diagnóstica en la HSA |
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Tabla 1.- Escalas de valoración en la HSA |
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Tabla 2.- Complicaciones médicas en la HSA |
NEUROLOGICAS:
• Hematoma intracerebral.
• Hemorragia intraventricular.
• Edema cerebral.
• Hidrocefalia.
• Resangrado.
• Vasoespasmo – isquemia cerebral retardada.
• Convulsiones.
SISTEMICAS:
• Hipertensión/ hipotensión.
• Infarto de miocardio.
• Arritmias cardiacas.
• Insuficiencia cardiaca.
• Síndrome del distress respiratorio del adulto.
• Edema pulmonar.
• Neumonía.
• Atelectasias.
• Gastrointestinal bleeding.
• Anemia.
• Tromboembolismo venoso.
• Alteraciones de la coagulación.
• Hiponatremia/ hipernatremia.
• Deshidratación.
• Hipopotasemia.
EFECTOS SECUNDARIOS DEL TRATAMIENTO MEDICO O QUIRÚRGICO.
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