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las tablas
aparecen al
final del
documento
RESUMEN
Objetivo:
Elaborar
unas
recomendaciones
de manejo de
la
hemorragia
cerebral (HC)
que permitan
ser una guía
en la toma
de
decisiones
en el
diagnóstico
y ante las
diversas
opciones
terapéuticas
de
tratamiento
médico y
quirúrgico
en el
paciente con
HC
Material
y métodos:
Se ha
realizado
una revisión
exhaustiva
de la
literatura y
se ha
analizado la
misma según
la
metodología
de la
Medicina
Basada en la
Evidencia.
Resultados:
La TAC
cerebral
tiene una
sensibilidad
y
especificidad
cercanas al
100 % en el
diagnóstico
de la HC; la
resonancia
magnética (RM)
es de
utilidad en
el
diagnóstico
en casos
seleccionados.
En el manejo
de la
hipertensión
intracraneal
existen
datos
favorables
para la
utilización
de
diuréticos
osmóticos e
hiperventilación
y negativos
para los
corticosteroides
Analizando
los
metanálisis
que comparan
el
tratamiento
médico
frente al
quirúrgico
se puede
concluir que
no existen
diferencias
globales
entre uno y
otro
tratamiento,
si bien
pueden
existir unas
indicaciones
puntuales en
algunos
pacientes.
En
prevención
secundaria
un control
adecuado de
la TA reduce
las tasas de
resangrado
Conclusiones:
La TAC sigue
siendo la
técnica de
elección en
el
diagnóstico
de la HC.
Los
diuréticos
osmóticos y
la
hiperventilación
están
indicados en
el manejo de
la
hipertensión
intracraneal
secundaria a
HC. El
tratamiento
quirúrgico
se
recomienda
en las
hemorragias
cerebelosas
que producen
deterioro
neurológico,
en los
hematomas
lobares que
presentan
deterioro
neurológico
progresivo y
en las HC
secundarias
a lesión
estructural
con buen
pronostico
funcional y
con la
lesión
subyacente
accesible a
la cirugía.
Es
recomendable
un control
adecuado de
la TA en
pacientes
que han
sufrido una
HC
INTRODUCCIÓN
La
hemorragia
cerebral (HC)
se define
como el
sangrado
dentro del
parénquima
encefálico,
producida
por una
ruptura
vascular,
con o sin
comunicación
intraventricular
y/o a
espacios
subaracnoideos.
Su
incidencia
en Europa es
aproximadamente
de 15 casos
por cada
100.000
habitantes(1)
Es
mucho menos
frecuente
que el ictus
isquémico,
representa
alrededor
del 15 % de
las
enfermedades
cerebrovasculares(2,3),
pero asocia
una mayor
mortalidad,
entre el
35-52% a los
30 días, y
morbilidad,
tan sólo el
10% de
pacientes
lleva una
vida
independiente
al cabo de 1
mes de la HC
y el 20% a
los 6 meses
(4,5,6).
Se
clasifican
como
primarias o
secundarias
según la
causa del
sangrado.
Las
primarias
son las más
frecuentes
(78-88%), se
originan de
la ruptura
de
espontánea
de un vaso,
afectado por
los cambios
propios de
la
hipertensión
arterial (HTA)
o la
angiopatía
amiloide.
Las
secundarias
se asocian a
tumores,
malformaciones
arteriovenosas
(MAV),
alteraciones
en la
coagulación,
abuso de
drogas o
sangrados en
el interior
de una
isquemia.
Son menos
frecuentes,
pero su
importancia
radica en la
necesidad de
identificarlas
pues el
tratamiento
especifico
evita las
recurrencias(7).
El sangrado,
no es un
fenómeno
monofásico,
que cede
inmediatamente,
sino que
puede
progresar,
de hecho
hasta en el
38% de los
casos se ha
observado
crecimiento
del hematoma
en las
primeras 20
horas(8).
La sangre se
extiende
disecando
las fibras
de sustancia
blanca, con
escasa
destrucción,
lo que
permite
conservar
nidos de
tejido sano,
dentro y
alrededor
del
hematoma. En
ocasiones,
sobre todo
si las HC
son grandes
o de
localización
profunda, la
sangre
invade los
ventrículos,
lo que
empeora el
pronóstico.
Acompañando
al coágulo
encontramos
desde el
inicio, la
presencia de
edema e
isquemia. La
isquemia, si
existe, es
muy precoz,
y no depende
de fenómenos
exclusivamente
mecánicos.
El edema
inicial
resulta del
efecto
osmótico de
las
proteínas
liberadas
desde el
coágulo. El
posterior es
consecuencia
de un
complicado
proceso en
el que
influyen la
alteración
de la
barrera
hemato-encefálica,
el fallo de
la bomba de
sodio y la
muerte
neuronal,
entre otros,
pero
fundamentalmente
la acción de
una serie de
proteínas y
sustancias
vasoactivas,
como la
trombina(9),
liberadas
desde el
interior del
coágulo(10).
Expondremos
a
continuación
las
recomendaciones
diagnósticas
y
terapéuticas
ante una HC,
incluyendo
la
intraventricular
primaria,
basándonos
en los
niveles de
evidencia
(11).
VALORACIÓN
INICIAL Y
DIAGNOSTICO
ETIOLÓGICO.
Los
objetivos
fundamentales
de la
evaluación
inicial
pueden
resumirse
como sigue:
a)Estabilización
hemodinámica
y cardio-respiratoria
inmediata,
b)confirmar
la
naturaleza
hemorrágica
del ictus y
diferenciarlo
de la
isquemia u
otras
lesiones
cerebrales,
c) obtener
información
sobre la
etiología de
la HC, d)
prevenir las
posibles
complicaciones,
e) iniciar
el
tratamiento
adecuado.
Clásicamente
una HC se
presenta
como un
déficit
neurológico
focal de
inicio
rápido,
acompañado
de cefalea
(40% frente
al 17% en
los
isquémicos),
nauseas,
vómitos,
disminución
precoz del
nivel de
conciencia
(50%,
excepcional
en los
isquémico) y
aumento de
la presión
arterial
(casi en el
90% de los
casos)(12).
Comienza
habitualmente
en vigilia.
La historia
clínica debe
incluir: los
antecedentes
de
traumatismo
craneal, HTA,
terapia con
antitrombóticos
o
trombolíticos,
consumo de
drogas o
fármacos
(alcohol,
cocaína,
anfetaminas,
descongestivos
nasales,
píldoras
adelgazantes),
enfermedades
sistémicas (vasculitis,
tumores,
discrasias
sanguíneas),
enfermedades
neurológicas
(crisis
epilépticas
y estado
neuropsicológico
previo) e
historia
familiar de
enfermedades
neurológicas
incluyendo
MAV y
aneurismas
intracraneales.
En la
exploración
inicial,
además de
cuantificar
el déficit
neurológico
debe
valorarse la
respiración
y el estado
hemodinámico.
Descartar
complicaciones
como ulceras
de decúbito,
síndromes
compartimentales,
rabdomiolisis
o lesiones
traumáticas(6).
La
exploración
física
detallada
ayuda en el
diagnostico
etiológico;
examen
cardiovascular
y fondo de
ojo.
Las
exploraciones
complementarias
que se
requieren
para conocer
la etiología
y valorar
complicaciones
son: función
renal y
hepática,
electrolitos,
glucemia,
radiografía
de tórax y
ECG, a
través de
las cuales
se
identifican
hipertensos
sin historia
conocida,
tumores y se
vigilan
complicaciones
cardio-respiratorias.
El hemograma
y
coagulación
pueden
revelar la
existencia
de
enfermedades
hematológicas.
A pesar de
las
diferencias
en la
clínica es
necesario la
tomografía
computerizada
(TC) craneal
para
confirmar el
diagnóstico(13)
La TC
craneal
además de
establecer
la
diferencia
entre
isquemia y
hemorragia,
muestra el
tamaño, la
localización
de la lesión
y
proporciona
datos
adicionales
sobre su
etiología:
aneurismas,
MAV,
tumores. Por
otro lado
permite el
seguimiento
de las
complicaciones
estructurales
como
herniación,
sangrado
intraventricular
o
hidrocefalia.
La
administración
de contraste
en la fase
aguda puede
ser útil
para
identificar
lesiones
subyacentes(14).
La
localización
y la
morfología
de la lesión
son
importantes
en el
diagnostico
etiológico.
Si la lesión
es única y
homogénea,
su
localización
es el dato
fundamental.
La
localización
más común en
las HC
hipertensivas
es el
putamen
(30-50%),
seguido de
la sustancia
blanca
subcortical
(30%) o el
cerebelo
(16%). La
historia y
los datos de
la
exploración
apoyaran el
diagnóstico.
Si la
localización
de la HC es
lobar, el
papel de la
HTA es menos
significativo,
aparece sólo
en el 31% de
los casos
(comparado
con el 81%
de las HC
ganglio-talámicas),
la sangre
tiende a
coleccionarse
entre la
corteza y la
sustancia
blanca
subyacente,
siguiendo
una
orientación
paralela al
cortex(15)
A nivel
lobar
adquieren
significación
otras
etiologías;
MAV (7-14%),
tumores
(7-9%),
discrasias
sanguíneas,
incluyendo
terapia
anticoagulante
(5-20%).
Resta un
alto
porcentaje
(22%) de
causa
desconocida,
en este
grupo puede
que tenga un
importante
papel la
angiopatía
amiloide,
sobre todo
en pacientes
mayores de
60 años con
cierto grado
de demencia(16)
Las
hemorragias
intraventriculares
primarias se
definen por
la presencia
de sangre
únicamente
en los
ventrículos,
sin que
exista
lesión
intraparenquimatosas.
Constituyen
aproximadamente
el 3% de
todas las HC.
Las causas
son
múltiples y
ninguna
domina en la
lista de
probabilidades
(17).
Las
hipertensivas,
afectando a
los plexos
coroideos y
habitualmente
con lesiones
lacunares en
el
parénquima,
constituyen
la primera
causa en
algunas
series. Si
se trata de
pacientes
jóvenes, sin
hipertensión,
las MAV y
aneurismas
encabezan la
lista. Los
trastornos
hematológicos
constituyen
también una
causa
importante.
Las
secundarias
a lesiones
obstructivas
de las
carótidas y
a la
enfermedad
de Moya-Moya
son raras(18)
La imagen
por
resonancia
magnética (RM),
que deberá
incluir la
técnica de
eco de
gradiente
(GE), ha
mejorado
enormemente
la
posibilidad
de valorar
el paciente
con HC.
Permite
datar el
tiempo de
sangrado. Lo
cual es útil
para
detectar
evolución
atípica de
los
sangrados
intratumorales,
demostrar
múltiples
estados
evolutivos
concomitantes
dentro de un
misma
lesión, como
sucede en
los
cavernomas.
Además puede
ver
sangrados
previos, a
menudo
asintomáticos,
cuya
localización
y frecuencia
podrían ser
útiles en el
diagnóstico
diferencial
e incluso en
el
pronóstico.
Tanto la RM
como la
angiografía
por
resonancia (ARM)
permiten
descubrir la
presencia de
aneurismas o
MAV. La
sensibilidad
es buena,
del 90%
comparada
con la
angiografía
convencional
(aneurismas
>3 mm, MAV
>5 mm). La
RM es más
especifica
que la
arteriografía
para el
diagnóstico
de tumor y
superior al
TAC y a la
arteriografía
para la
detección de
cavernomas
(19).
Por lo
tanto,
puesto que
se trata de
una técnica
no invasiva,
parece
lógico
utilizarla
como método
de screening
en HC, sobre
todo en
pacientes
ancianos.
Las nuevas
técnicas de
difusión
permiten el
diagnostico
de HC por RM
incluso en
la fase
aguda.
En lo que se
refiere al
papel de la
arteriografía
en el
diagnóstico
de la HC se
han
efectuado
dos estudios
prospectivos
de interés.
En el de
Halpin et
al, si la TC
inicial
presentaba
signos que
pudiesen
sugerir
lesión
subyacente
(sangre
subaracnoidea
o
intraventricular,
calcificaciones
intracraneales,
estructuras
vasculares
prominentes,
o una
localización
característica
de la
lesión), y
el estado
clínico del
paciente era
adecuado, se
efectuaba
arteriografía,
siendo esta
positiva en
el 84% de
los casos.
Por el
contrario si
la CT
craneal no
presentaba
estos
signos, la
arteriografía
solo era
positiva en
el 24% de
los casos(20).
En el
estudio de
Zhu et al,
con 206
casos, la
arteriografía
fue positiva
en el 49% de
los casos
con hematoma
lobar, 65 %
con HIV
pura. La
conclusión
más
importante
el bajo
rendimiento
de utilizar
esta técnica
en pacientes
hipertensos
mayores de
45 años con
hemorragias
en putamen,
tálamo o
fosa
posterior(21).
Recomendaciones
1- La TC
craneal es
la técnica
de
neuroimagen
de elección
en la
valoración
inicial de
un paciente
en el que se
sospeche HC.
2- La RM con
ARM puede
ser útil y
evitar la
arteriografía
en algunos
pacientes.
Debe
valorarse en
HC lobares
en pacientes
normotensos
con
arteriografía
normal,
sobres todo
si son
susceptibles
de cirugía,
para
descartar
cavernomas y
como método
de screening
en pacientes
ancianos no
hipertensos
y/o con
hemorragias
lobares.
3- La
arteriografía
debe
valorarse en
todos los
pacientes
con HC de
etiología no
aclarada que
puedan ser
candidatos a
cirugía,
sobre todo
si son
jóvenes y
están
clínicamente
estables. El
momento de
realización
de la
arteriografía
depende del
estado
clínico del
paciente y
de la
urgencia del
acto
quirúrgico.
4- La
angiografía
no es
necesaria en
pacientes
hipertensos
mayores de
45 años que
no presenten
la TC signos
sugerentes
de lesión
estructural.
TRATAMIENTO
EN LA FASE
AGUDA:
La primera
actitud
terapéutica
cuando el
paciente
llega al
Servicio de
Urgencias,
incluso
cuando el
diagnóstico
es sólo de
sospecha,
aún no se ha
realizado la
TC craneal,
es
garantizar
una función
respiratoria
óptima. Los
pacientes
con
disminución
en el nivel
de
conciencia
y/o signos
de
afectación
de tronco
son los que
requieren
medidas más
agresivas.
La decisión
de intubar
no depende
de la
puntuación
en la escala
de Gasgow,
sino de la
presencia de
signos de
ventilación
insuficiente
(pO2 < de 60
mm Hg o
Pco2> de 50
mm Hg) o
riesgo
evidente de
aspiración.
Los tubos
endotraqueales
no deben
mantenerse
más de dos
semanas, si
el coma se
prolonga o
existen
complicaciones
respiratorias
a las dos
semanas se
recomienda
la
traqueostomía
electiva. No
obstante, la
ventilación
asistida
será una
medida
indicada
solamente en
pacientes
con
presumible
buen
pronostico
funcional.
En cuanto a
la
oxigenoterapia,
se
recomienda
su
administración
en todo
paciente en
el que se
sospeche HC(6).
Asimismo, se
prestará
especial
atención a
sus
constantes
vitales
(especialmente
la tensión
arterial) y
su estado
cardiocirculatorio.
Todo
paciente con
HC debe ser
asistido en
un hospital
que cuente
con
neurólogo,
neurocirujano
y Unidad de
Cuidados
Intensivos
24 horas al
día. Si el
paciente no
requiere
ventilación
asistida,
las medidas
de soporte
deben
llevarse a
cabo en una
unidad de
ictus
(22),
siempre y
cuando se
disponga de
la
posibilidad
de consulta
con un
neurocirujano
y de
traslado a
una Unidad
de Cuidados
Intensivos
las 24 horas
del día .
Tratamiento
médico:
A este
respecto
sólo se han
realizado 4
pequeños
ensayos
clínicos
randomizados;
dos con
corticoides,
uno con
hemodilución
y otro con
glicerol.
Ninguno
muestra
ningún
beneficio
para
cualquiera
de las tres
terapias, es
más parece
que los
pacientes
tratados con
corticoides
tienen mayor
incidencia
de
complicaciones
infecciosas(23).
Por lo tanto
la mayoría
de las
recomendaciones
se basan en
la
experiencia
obtenida de
las series
clínicas y
del manejo
general del
paciente
neurológico.
Manejo de
la tensión
arterial TA.
La TA
adecuada en
cada
paciente
depende
factores
individuales
como es la
existencia
de HTA
crónica, la
presencia de
aumento en
la presión
intracraneal
(PIC), la
edad, la
causa de la
HC y el
intervalo de
tiempo desde
el inicio
del
sangrado. En
general se
recomienda
tratar de
forma más
agresiva que
en los ictus
isquémicos (tabla
1).
No se ha
podido
demostrar la
relación
entre la TA
al ingreso y
el riesgo de
crecimiento
del coagulo.
Sólo un
estudio
encuentra
una relación
positiva a
partir de
cifras
superiores a
200 mmHg de
PA sistólica(24).
Por
otro lado,
si
disminuimos
las cifras
de TA puede
disminuir la
presión de
perfusión
cerebral y
aumentar el
daño
cerebral,
sobre todo
en la zona
perihematoma,
más
vulnerable
por la
alteración
en la
autorregulación
cerebral. Un
estudio
reciente,
que utiliza
el PET para
valorar el
flujo
sanguíneo
cerebral en
un tiempo
medio de 15
horas desde
el inicio de
los sintomas,
en el se
incluyeron
14 pacientes
con HC de
tamaño
pequeño o
mediano, no
encuentra
cambios
significativos
en el flujo
sanguíneo
global o
pericoagulo,
para
reducciones
de TA media
de
16.7+5.4%,
aunque con
importantes
variaciones
individuales(25)
Por
todos estos
motivos es
difícil
establecer
una norma
general
aplicable a
todos los
pacientes y
tampoco es
fácil
extraer
datos de los
estudios
multicentricos.
En general
recomendamos
disminuir
las cifras
de TA
sistólica
hasta
190/110 en
las 6
primeras
horas.
Algunos
autores
sugieren
disminuir
las cifras
de TA media,
pero no más
de un 20% y
hasta 130
mmHg(6,26).
Otro tema
importante
es los
fármacos que
deben
utilizarse.
Si es
necesario
tratar la
HTA es
conveniente
evitar los
antihipertensivos
que producen
vasodilatación
cerebral.
Comenzar con
labetalol
intravenoso
(i.v.) o
enalapril
oral o i.v.
Otra opción
es el
elgadil, un
a bloqueante
iv .
El
nitroprusiato
sódico puede
utilizarse
en las
elevaciones
severas de
TA, a pesar
de su
posible
efecto
vasodilatador,
puesto que
no se han
realizado
ensayos
clínicos que
demuestren
su papel
sobre el
aumento la
PIC.
Manejo
del aumento
en la PIC.
La PIC
aumentada se
considera el
mayor
contribuidor
a la
mortalidad
después de
una HC, por
lo tanto su
prevención y
control son
esenciales.
En primer
lugar hay
que valorar
los factores
generales
como:
hipoxemia,
hipertermia,
convulsiones
y todas
aquellas
circunstancias
que eleven
la presión
intratorácica.
El mantener
la adecuada
oxigenación
de los
tejidos es
fundamental
en la fase
aguda de un
ictus. La
hipoxia
conduce por
un lado al
metabolismo
anaerobio en
el área de
penumbra
isquémica,
aumentando
la zona de
lesión y por
otro es un
potente
vasodilatador
cerebral que
contribuye
al
incremento
de la PIC.
Debe
intentarse
mantener
niveles de
Po2 de 100 a
150 mm Hg.(27)
La
Hipertermia
conduce a un
aumento del
metabolismo
cerebral y
un
incremento
en la PIC.
Además
diferentes
estudios
muestran
como
elevaciones
mínimas en
la
temperatura
en lesiones
isquémicas y
traumáticas
aumentan el
daño
cerebral por
aumentar la
zona de
penumbra
isquémica
(28).
Es
recomendable
mantener una
temperatura
de 36.7 a 37
grados.
Respecto al
beneficio de
la
hipotermia
moderada
algunos
estudios
recientes
han
demostrado
efecto
beneficioso
en
traumatismos
craneales
graves pero
no está
establecido
su beneficio
en HC.
Las
convulsiones
ocurren
fundamentalmente
durante las
primeras 48
horas, en
raras
ocasiones
aparecen
después del
tercer día.
Se
relacionan
sobre todo
con
hemorragias
lobares. Las
crisis deben
tratarse
cuando
aparecen,
suelen
controlarse
bien con
tratamiento.
El aumento
de
mortalidad
observado en
los
pacientes
con crisis,
(29)
la elevación
de la PIC
que
producen, la
contribución
al coma de
los estatus
no
convulsivo y
el riesgo de
provocar
resangrados
hace
plantearse
la necesidad
de estudios
que
determinen
la utilidad
de los
antiepilépticos
utilizados
de forma
profiláctica
en los
pacientes de
alto riesgo,
hematomas
lobares y/o
de gran
tamaño.
Algunos
autores
(6)
recomiendan
que puede
considerarse
el
tratamiento
preventivo
(preferiblemente
con
fenitoina)
durante un
mes y
retirarse.
Las
convulsiones
ocurridas
después de
las dos
primeras
semanas
tienen un
alto riesgo
de
recurrencia
por lo que
es necesario
plantearse
tratamiento
prolongado
(30).
Todas
aquellas
circunstancias
que aumentan
la presión
intratorácica
se traducen
en un
aumento de
la PIC, y
por lo tanto
deben
evitarse, la
tos, las
aspiraciones
traqueales y
la presión
positiva al
final de la
espiración (PEEP).
Lógicamente
el efecto
masa
producido
por la
presencia
del hematoma
dentro del
parénquima
cerebral y
el edema
acompañante
son los
primeros
condicionantes
del aumento
de la PIC.
Existen
otros
factores,
como la
presencia de
hidrocefalia,
que también
contribuyen,
esta puede
ser
producida
por la
invasión
sanguínea
del sistema
ventricular
o por
bloqueo
mecánico del
mismo (HC
infratentoriales
y talámicas).
La
hidrocefalila
es una
complicación
precoz
(primeras
24-48 horas)
(31).
La
utilización
de drenajes
o
derivaciones
permanentes
en estos
casos es una
practica
habitual,
aunque
tampoco hay
ningún
ensayo que
demuestre su
utilidad.
Por el
riesgo de
infección
deben
comprobarse
regularmente
y la
duración del
drenaje no
debe exceder
los 7 días.
Además se
recomienda
profilaxis
con
antibióticos
(6).
Si existe
aumento de
la PIC hay
que
tratarla.
Además de
corregir
todas las
circunstancias
hasta ahora
mencionadas,
la posición
de la cabeza
centrada y
con la
cabecera
elevada a 20
o 30º
permite
mejorar el
retorno
venoso y
disminuir la
PIC.
Los tres
métodos de
que
disponemos
para
disminuir la
PIC son: los
diuréticos,
corticoides
y la
hiperventilación.
La
furosemida y
el manitol
se utilizan
con mucha
frecuencia
en el
tratamiento
la del edema
cerebral,
aunque no
hay ningún
estudio que
apoye su
utilidad. La
controversia
del uso del
manitol está
en parte
justificada
por el
fenómeno de
rebote. Para
disminuir la
posibilidad
de que
aparezca las
dosis
utilizadas
deben ser
las mínimas
efectivas,
incluso
0.25g/Kg de
peso hasta
cada 6
horas. Dosis
repetidas
pueden
conducir a
un estado
hiperosmolar
grave, debe
vigilarse la
osmolaridad
sanguínea y
las cifras
de sodio y
potasio. Hay
que evitar
la infusión
de manitol
muy rápida,
ya que si
esto sucede
el volumen
plasmático
aumenta más
rápidamente
que el
aclaramiento
renal
produciéndose
un
incremento
del flujo
cerebral y
de la PIC (
se
recomiendan
20 minutos).
La
Furosemida
disminuye la
PIC sin que
aparezca el
aumento
inicial que
se observa
con el
manitol, no
aumenta la
osmolaridad
del suero ni
produce
hiponatremia.
También
disminuye la
producción
de LCR.
La
utilización
de los
corticoides
no es
recomendable.
Basándonos
en los
resultados
de los dos
ensayos
referidos
anteriormente.
Un estudio
piloto
reciente,
doble ciego,
aleatorizado
y controlado
con placebo
sobre 26
pacientes,
en el que
los
pacientes
bajo
tratamiento
activo
recibieron
dexametasona
y ranitidina
iv durante
16 días, y
tuvieron
menos
complicaciones
que el grupo
control (con
diferencia
significativa),
plantea la
necesidad de
un nuevo
ensayo
(32).
La
hiperventilación
es una
medida que
actúa de
forma
precoz. La
hipocarbia
produce
vasoconstricción
cerebral, la
disminución
del flujo
sanguíneo es
casi
inmediata,
aunque el
pico de
reducción en
la PIC puede
obtenerse 30
minutos
después. El
valor de
este
tratamiento
pasadas las
primeras
horas es
cuestionable
puesto que
aparecen
mecanismos
de
compensación
sanguínea de
la
hipocarbia.
La pCO2 debe
mantenerse
entre 35-30
mm Hg
mientras
este elevada
la PIC. La
falta de
respuesta a
la
hiperventilación
condiciona
un peor
pronostico.
En cuanto al
beneficio
obtenido con
la
hiperventilación
mantenida
tampoco está
aclarado.
Teóricamente
la reducción
de la PIC
con la
hiperventilación
cesa cuando
el PH del
LCR alcanza
el
equilibrio.
En la
practica
esto puede
no ocurrir
durante
muchas
horas. El
efecto
rebote puede
aparecer
también con
la
hiperventilación
sobre todo
si se
reanuda la
ventilación
normal con
demasiada
rapidez
(6).
Un serie
corta en
humanos
sugiere que
el
tratamiento
agresivo y
precoz con
agentes
osmóticos e
hiperventilación
de la
herniación
transtentorial
puede
mejorar el
pronostico a
largo plazo(33).
En cuanto al
uso de
barbitúricos
deben
considerarse
como una
opción y no
como parte
del
protocolo
estandarizado.
Sabemos que
determinados
barbitúricos,
como el
tiopental
disminuyen
la PIC,
probablemente
reduciendo
el flujo y
el volumen
cerebral, e
incluso
disminuyendo
el edema
cerebral y
neutralizando
radicales
libres.
Tiene el
inconveniente
de que
produce
hipotensión
importante y
predispone a
la
infección.
Además, por
el
desarrollo
de
tolerancia
es
preferible
utilizar
bolus si
fuese
preciso
usarlo.
Aunque no se
ha
demostrado
el beneficio
terapéutico
de
monitorizar
la PIC
(34,35,36)esto
puede
plantearse
en pacientes
con sospecha
de PIC
aumentada y
deterioro
del nivel de
conciencia
sobre todo
si existe un
Glasgow por
debajo de 9.
El método
utilizado (intraventricular
o
intraparenquimatoso)
depende de
la
disponibilidad
y la
experiencia.
Los
relajantes
neuromusculares
pueden
ayudar
también a
disminuir
los aumentos
de la PIC
puesto que
previenen
los
incrementos
en la
presión
intratorácica
y venosa
asociados a
la tos,
esfuerzos,
aspiraciones...
Los agentes
no
despolarizantes
como el
pancuronio
son de
elección en
estos casos.
Se
recomienda
premedicar a
los
pacientes
con bolos de
estos
agentes
antes de
cada
aspiración.
La lidocaina
también
puede
utilizarse
con este
fin.
Manejo de
los fluidos.
El ideal es
la euvolemia.
El balance
se calcula
añadiendo a
la
producción
de orina las
perdidas
insensibles
de agua
(500ml más
300ml por
cada grado
de fiebre en
los
pacientes
febriles).
Los
electrolitos
sodio,
potasio,
calcio y
magnesio
deben
valorarse y
corregirse
según
necesidades.
Otros.
Agitación
puede
incrementar
también el
daño
neurológico.
Es
recomendable
utilizar
benzodiacepinas
de vida
media corta
o
neurolépticos
y
analgésicos
si se
requieren.
Prevención
de la
trombosis
venosa
profunda y
la embolia
pulmonar se
realizara
con medias
compresivas,
no se
disponen de
datos sobre
los efectos
de las
heparinas
sobre el
hematoma
para
establecer
criterios
respecto a
su
utilización.
Tratamiento
médico
especifico:
El daño que
ejerce la HC
en el
cerebro no
se debe
exclusivamente
al efecto
mecánico del
hematoma,
sino que
diversos
estudios ha
demostrado
que en torno
al hematoma
existe un
área de
isquemia
(penumbra
isquémica) y
también
edema
presumiblemente
mediado por
la
liberación
de glutamato
y radicales
libres. Por
eso es
posible que
los mismos
agentes que
reducen el
daño en el
ictus
isquémico
puedan ser
útiles en la
HC.
Desafortunadamente
no tenemos
datos
suficientes
de la
utilización
de
neuroprotectores
en la HC en
ensayos
clínicos
puesto que
quedan
excluidas de
los mismos.
De modo que
sólo
disponemos
de algunos
datos de
estudios
experimentales
que sugieren
que el uso
de
neuroprotectores
pueden
disminuir el
daño
cerebral en
la HC. Como
el de la
citicolina
que mejora
el
pronóstico
funcional y
disminuye el
volumen de
la zona de
isquemia que
rodea al
hematoma
(37)
Recomendaciones
1. Se
recomienda
un adecuado
control de
la presión
arterial,
recomendándose
disminuir
las cifras
de presión
arterial
sistólica
hasta
190/110 en
las 6
primeras
horas. Se
recomienda
iniciar
tratamiento
con
labetalol iv
o enalapril
(vo ó iv) si
PAS 180-230,
PAD 105-140
o PAM >130.
En casos de
PAS >230 o
PAD>140 se
recomienda
tratamiento
con
nitroprusiato.
En casos de
hipotensión
se
recomienda
utilización
de suero
fisiológico
o expansores
de plasma y
en casos
resistentes
se podrían
emplear
fármacos
vasopresore.
2. En el
caso de PIC:
2.1. Se
recomienda
la
utilización
de
diuréticos
osmóticos
como primera
elección,
pero no
deben
aplicarse de
forma
profiláctica.
El manitol
al 20%
(0.25-0.5 g/Kg
cada 4 h.)
se inicia en
pacientes
con ondas
tipo B,
valores de
PIC que
aumentan
progresivamente,
o signos
clínicos de
deterioro
asociados
con efecto
masa. Para
evitar el
efecto
rebote es
conveniente
no
utilizarlo
más de 5
días. La
furosemida
(10 mg cada
2-8 h )
puede
utilizarse
de forma
simultanea
para
mantener el
gradiente
osmótico. Es
necesario
medir la
osmolaridad
dos veces al
día, debe
mantener
valores <
310 mOsm/L.
2.1.1. Los
corticoides
deben
evitarse.
2.1.2. Se
recomienda
hiperventilación
si fallan
los
diuréticos.
La reducción
de la pCO2
hasta 25-30
mm de Hg.
consigue una
disminución
de la PIC
del 25-30%
en la
mayoría de
los
pacientes.
La ausencia
de respuesta
indica mal
pronóstico.
2.1.3. Se
recomienda
premedicar a
los
pacientes
con bolos de
relajantes
neuromusculares
antes de
cada
aspiración,
siendo de
elección los
no
despolarizantes
como
pancuronio.
La lidocaina
también
puede
utilizarse
con este
fin.
3. Se
recomienda
tratamiento
con
benzodiacepinas
de vida
media corta
o
neurolépticos
y
analgésicos
en caso de
agitación
4. Se
recomienda
la
utilización
de medias
compresivas
para la
prevención
de trombosis
venosa
profunda y
embolismo
pulmonar.
Tratamiento
quirúrgico:
El objetivo
de la
cirugía es
evacuar la
mayor
cantidad de
sangre lo
antes
posible y
con el menor
daño
cerebral. Y
si existe,
tratar
lesión
subyacente.
La
craneotomía
ha sido la
técnica
estándar
para la
cirugía de
las HC. Su
mayor
ventaja es
ser vía más
adecuada
para evacuar
el coágulo.
La completa
evacuación
del mismo
disminuye la
PIC y los
efectos
locales del
coágulo de
sangre sobre
el tejido
cerebral
circundante.
El principal
problema es
que puede
producir
mayor daño
cerebral
sobre todo
en la HC
profundas.
Los avances
en las
técnicas
quirúrgica
incluyen la
mejora de la
localización
de la HC con
sistemas de
estereotáxia
y la
utilización
de
ultrasonidos
intraoperatorios.
Con el fin
de valorar
la utilidad
de la
cirugía como
terapia
añadida al
tratamiento
médico se
han
efectuado
múltiples
estudios,
aunque con
importantes
defectos
metodológicos.
Comenzaremos
revisando
los
efectuados
en HC
supratentoriales,
concretamente
los
prospectivos
y
aleatorizados
(38,39,40,41,42,43).
En la época
pre-TC el
primer
estudio
randomizado
fue
efectuado
por Mc
Kissock et
al en 1961,
pacientes
con HC
supratentorial,
89 con
tratamiento
quirúrgico,
y 91
tratamiento
médico,
Ambos grupos
terapéuticos
tenían edad
comparable.
El
tratamiento
quirúrgico
doblaba (odds
ratio OR
2.04) la
pobabilidad
de morir o
quedar
dependiente
a los 6
meses.
En 1989
Juvela et
al.
estudiaron a
52 pacientes
con HC
supratentorial:
21 tratados
quirúrgicamente,
mediante
craneotomía,
dentro de
las primeras
48 h y 21
con
tratamiento
médico sin
corticoides.
Los grupos
eran
similares en
lo que se
refiere a
edad, sexo,
tamaño del
hematoma,
puntuación
en la escala
de Glasgow,
pero no en
el
porcentaje
con sangre
intraventricular
(mayor para
el grupo
quirúrgico).
La OR
también
mostró
tendencia a
un aumento
de la
mortalidad y
dependencia
a los 6
meses en los
tratados
quirúrgicamente.
En ese mismo
año, otro
estudio
aleatorizado
que incluía
100
pacientes,
utilizando
la
evacuación
estereotáxica
guiada por
endoscopia
como técnica
quirúrgica,
mostraba una
menor OR de
mortalidad y
dependencia
asociada a
la cirugía
en las
hemorragias
lobares. El
drenaje de
las
putaminales
y talámicas
no mejora el
pronóstico
de forma
significativa.
En 1990
Batjer et al
publicaron
los
resultados
de un ensayo
prospectivo
que incluía
pacientes
con
hematomas en
putamen
mayores de
3cm
comparando
los
resultados
del
tratamiento
médico,
quirúrgico,
y el medico
con
monitorización
de la PIC.
Se
interrumpió
cuando sólo
había 21
enfermos
incluidos
argumentando
que las
terapéuticas
actuales,
tanto
médicas como
quirúrgicas,
son poco
efectivas
para el
tratamiento
de estos
enfermos.
Los 8
tratados
quirúrgicamente
mostraron
una menor
tasa de
mortalidad y
de
dependencia
a los 6
meses.
Morgenstern
y
colaboradores
han
comunicado
los
resultados
de un
estudio
piloto (STICH
trial)
aleatorizado
que compara
la
evacuación
por
craniotomía
con el
tratamiento
médico en
pacientes
con HC
supratentorial
de al menos
10 ml de
volumen y
puntuación
en la escala
de Glasgow
de 5 a 15.
Se persigue
operar a los
pacientes
antes de las
12 horas de
evolución.
De los 34
pacientes
incluidos,
la
mortalidad y
estado
funcional a
los 6 meses
era
comparable
en ambos
grupos. Debe
destacarse
que sólo 1
de 17 (6%)
pacientes en
el grupo
quirúrgico
tenía un
hematoma
lobar,
frente a 7
de 17 (41%)
en el grupo
médico. La
valoración
de los
resultados
no fue
ciega.
Zucarello ha
comunicado
recientemente
un estudio
de 20
pacientes
aleatorizados
a
tratamiento
médico
protocolizado
o a
evacuación
de HC por
craniotomía
o aspiración
mediante
estereotaxia.
Se
incluyeron
si el
volumen era
mayor a 10
ml, la
escala de
Glasgow
mayor a 4,
el
tratamiento
se realizaba
antes de las
24 horas y
la cirugía
antes de las
3 horas tras
su
indicación.
Ambos grupos
eran
comparables
en edad,
puntuaciones
en escala de
Glasgow y
escala NIHSS,
tiempo de
evolución y
volumen de
HC. Sin
embargo,
hubo más HC
profundas en
el grupo
médico y una
tendencia a
tener más
hemorragia
ventricular
también en
el grupo
médico. A
los 3 meses,
una
valoración
ciega no
encontró
diferencias
de
mortalidad y
se encontró
una
tendencia no
significativa
a un mejor
estado
funcional en
el grupo
quirúrgico.
Cuatro
meta-análisis
de las
diferentes
series han
concluido
que con los
datos
actuales no
puede
considerarse
a uno u otro
tratamiento,
el médico o
el
quirúrgico,
superior al
otro(44,45,46).
Las HC
cerebelosas
representan
una
situación
especial. El
deterioro
debido a la
compresión
del tronco
es
impredecible.
Es
preferible
iniciar el
tratamiento
antes de que
exista una
caída del
nivel de
conciencia y
una
situación
clínica
inestable.
Aunque
incluso en
pacientes en
coma, la
evacuación
del hematoma
o la
descompresión
quirúrgica,
se ha
mostrado
beneficiosa.
sobre todo
si es precoz
(47).
Por otro
lado, están
los que se
recuperan
prácticamente
sin secuelas
con
tratamiento
conservador.
Hay series
de casos
aislados en
los que si
el tamaño
era menos de
3 cm la
evolución
con
tratamiento
médico era
buena.
Taneda et al
introducen
un nuevo
criterio de
TC para
valorar los
pacientes
que
requieren
tratamiento
quirúrgico,
la
obliteración
de la
cisterna
cuadrigeminal(48)
. La
presencia de
hidrocefalia
es otro
criterio. Un
reciente
estudio de
1994
realizado
por
Kobayashi et
al que
analiza 101
casos, 52
retrospectivamente
y 49 de
forma
prospectiva
propone los
siguientes
criterios:
los casos
con Glasgow
de 14 a 15 y
de diámetro
menor de 40
mm deben ser
tratados de
forma
conservadora,
los que
tienen un
Glasgow
menor de 13
o el
hematoma
mide mas de
40 mm,
evacuación
del
hematoma.
Los
pacientes en
los que han
desaparecido
los reflejos
de tronco,
no está
indicada la
terapia
intensiva
(49).
Si se
analizan las
series en
que se
valoran en
común las HC
supratentoriales
e
infratentoriales
(Tabla 2).
Broderik et
al concluyen
que la
cirugía no
mejora el
pronóstico.
Por el
contrario
Coraddu et
al y Kanno
et al no
encuentran
efecto
beneficioso
para la
cirugía en
los casos de
HC leves y
severas,
pero si en
las
moderadas
(40,51,52).
En las HIV
los estudios
referente a
su
tratamiento
son escasos,
en ocasiones
requieren
drenajes o
sistemas
permanentes
de
derivación
para el
tratamiento
del
deterioro
neurológico
secundario a
hidrocefalia.
Los
trombolíticos
locales (urokinasa,
tPA) pueden
tener valor
pero faltan
datos, sólo
tenemos los
resultados
positivos de
alguna serie
corta
aislada(53).
De todo esto
podemos
concluir que
no se ha
estudiado
adecuadamente
en que casos
está
indicada la
cirugía ni
la técnica
que se debe
utilizar en
cada caso.
El
tratamiento
debe ser
individualizado.
Recomendaciones
1. No se
recomienda
cirugía:
Pacientes
con HC de
volumen < 10
ml o con
déficit
neurológico
mínimo
Pacientes
con
puntuación
en la escala
de Glasgow
de 3 ó 4. Si
la
hemorragia
es
cerebelosa,
incluso con
estas
puntuaciones
puede
valorarse la
cirugía.
2. Se
recomienda
cirugía.
Los
pacientes
con
hemorragia
cerebelosa
mayor a 3 cm,
con
deterioro
neurológico,
compresión
de tronco o
hidrocefalia,
deben
operarse de
forma
urgente.
Pacientes
con HC
asociada a
lesión
estructural
(aneurisma,
malformación
arterio-venosa
o angioma
cavernoso),
que tienen
posibilidad
de un buen
pronóstico
funcional, y
cuya lesión
estructural
es accesible
a la
cirugía.
Pacientes
jóvenes
hemorragia
lobar de
tamaño
moderado o
grande, sin
sospecha de
angiopatía
amiloide,
que están
presentando
deterioro
neurológico.
PREVENCION
SECUNDARIA
DE LA HC.
TRATAMIENTO
SEGÚN
ETIOLOGÍA.
Permite
reducir al
mínimo los
resangrados.
En los
últimos años
se ha visto
que las HC,
en las que
se ha
descartado
lesión
subyacente,
recurren con
mucha más
frecuencia
que la que
se creía
(54)
alcanzan
hasta un
6.4%. Suelen
ser
secundarias
a angiopatía
amiloide e
hipertensión.
El control
del
principal
factor de
riesgo, la
HTA, es un
factor
determinante
en la
reducción
del riesgo
de HC, tanto
en pacientes
jóvenes
(55),
como en
ancianos con
HTA
sistólica
aislada
(56), en
prevención
primaria y
secundaria.
El control
de la HTA ha
mostrado una
reducción
global de la
tasa de
ictus en
diferentes
estudios
(57,58),
y en un
estudio
reciente se
ha
demostrado
que la
reducción de
las cifras
de TA,
incluso en
pacientes
normotensos,
permite
reducir la
recurrencia
de la HC en
una tasa
superior al
50%
(59).
Angiomas
cavernosos;
si la lesión
es accesible
quirúrgicamente,
recomendamos
la cirugía.
Para las
lesiones
profundas
(tálamo,
ganglios de
la base,
tronco)es
preferible
estrecho
seguimiento,
reservando
la cirugía
para los
casos en los
que se
produzca
déficit
progresivo,
o sangrados
recurrentes.
En cuanto a
la utilidad
de la
radiocirugía
en las
lesiones
profundas es
un tema
controvertido.
En algunas
series se ha
observado
una
reducción en
la tasa de
resangrados,
para los
localizados
en el tronco
y en el
diencéfalo
(60).
Un estudio
reciente
recomienda
no usarlo,
por el alto
porcentaje
de
complicaciones
que
desarrolla
en
comparación
con el
beneficio
obtenido(61)
La razón
fundamental
para el
tratamiento
de las
malformaciones
arterio-venosas
es disminuir
el riesgo de
nuevos
sangrados,
máximo en el
primer año,
seguido de
un 2% anual,
que en un
paciente
joven se
convierte en
intolerable
(62).
Disponemos
de tres
posibilidades
para el
tratamiento:
Cirugía,
terapia
endovascular
y
radiocirugía.
Desde el
punto de
vista
quirúrgico,
la
localización
es uno de
los
criterios
más
importantes.
Las
localizadas
en los
ganglios de
la base,
diencéfalo o
tronco, que
se
consideran
habitualmente
inoperables.
La forma y
el tamaño
son el otro
factor más
importante.
La RM y la
AngioRM son
especialmente
útiles para
ayudar a la
arteriografía
a la
visualización
de las venas
de drenaje y
la relación
con el
tejido
circundante.
La terapia
endovascular
se
desarrollo
inicialmente
para
facilitar la
resección de
las MAV de
gran tamaño
o como
alternativa
a la cirugía
de alto
riesgo
(63).
Actualmente
en muchos
casos, se
puede
conseguir la
oclusión
completa
sólo con
terapia
endovascular;
MAV pequeñas
alimentadas
con pocos
pedículos
(1-3). En
las grandes
y con
múltiples
pedículos,
el propósito
es reducir
el tamaño y
el shunt
arteriovenoso.
Además puede
eliminar
arterias
nutrientes
localizadas
en
profundidad.
La oclusión
parcial de
las MAV de
gran tamaño
puede
prevenir la
progresión
de síntomas
en los
pacientes
que se están
deteriorando
neurológicamente,
pero no hay
datos de que
modifique la
historia
natural de
la
malformación
en lo que se
refiere al
resangrado
ni a las
crisis
epilépticas.
Postembolización
puede
utilizarse
la cirugía o
la
radiocirugía.
Esta es
especialmente
útil en las
MAV menores
de 3 cm
(64).Puede
intentarse
también en
aquellas que
a pesar de
tamaño
superior no
son
accesibles
por ninguna
otra
técnica.
Las
secundarias
a tumores,
en general
el
tratamiento
será
quirúrgico,
con
extirpación
del tumor
subyacente.
No obstante,
dependerá de
la situación
funcional
del paciente
tras la
hemorragia,
del tipo y
la
localización
del tumor
responsable
del
sangrado.
En las
vasculitis,
inflamatoria
o secundaria
a fármacos,
los
corticoides
pueden ser
de utilidad.
Los que
aparecen en
pacientes
con terapia
anticoagulante,
deben ser
tratados con
plasma
fresco, o
complejo
protrombinico
si se
dispone, y
vitamina K
de forma
inmediata,
hasta
revertir la
anticoagulación.
Si la
cirugía es
necesaria,
puede
efectuarse
después con
seguridad.
En las
secundarias
a
tromboliticos,
debe
suspenderse
la infusión
del fármaco,
e iniciar la
transfusión
de plasma o
crioprecipitados.
Se
recomienda
también la
valoración
quirúrgica y
la cirugía
si procede,
una vez
revertidos
los efectos
del
trombolitico
(65).
En las
asociadas a
trombocitopenia
(asociada a
PTI,
trombocitopenias
secundarias)
que se
consideran
por debajo
de 80.000,
esta
indicada la
transfusión
plaquetas y
los
corticoides
antes e la
cirugía si
se precisa(61).
Recomendaciones:
1. Se
recomienda
tratamiento
de la HTA y
control
estricto
procurando
la
normotensión.
2. En caso
de
cavernomas:
se
recomienda
la cirugía
en las
lesiones
accesibles y
en las
profundas
estrecho
seguimiento
indicando la
cirugía en
casos
seleccionados.
3. En las
MAV se
recomienda
el
tratamiento
quirúrgico,
endovascular
o
radiocirugía
en función
de la
localización,forma
y tamaño de
la MAV.
4. En las HC
secundaria a
tumores se
aconseja
tratamiento
quirúrgico
del tumor
subyacente.
5. En las HC
por
vasculitis,
inflamatorias
o
secundarias
a fármacos
podrían
emplearse
corticoides.
6. En la HC
secundaria a
terapia
anticoagulante
o
trombolítico
se
recomienda
suspender el
tratamiento,
iniciar
transfusión
de plasma
fresco o
crioprecipitados
y vitamina K
de forma
inmediata en
los casos de
tratamiento
anticoagulante.
Se podría
recomendar
la cirugía
en casos
seleccionados,
una vez
revertido el
efecto
anticoagulante
o
trombolítico.
7. En HC
asociada a
trombopenia
se aconseja
la
transfusión
de plaquetas
y
corticoides
antes de la
cirugía si
se precisa.
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|
Tabla 1 .-Manejo de la tensión arterial (TA) |
|
|
Fármacos de elección.
Labetalol 20 Mg. en 1-2 minutos. Repetirse cada 10-20 minutos hasta control de TA o una dosis máxima de 200-300 Mg. Se mantiene con dosis cada 6-8 según necesidades.
Enalapril 1 bolo de 1 Mg. Repetir cada 6 h de 1-5 Mg. según cifras de TA.
Nitroprusiato sódico 2mg/Kg. de peso /min. |
|
Hipertensión arterial:
Si PAS >230 mmHg o PAD>140 mmHg en dos mediciones separadas por más de 5 minutos, iniciar nitroprusiato.
Si PAS =180-230, PAD 105-140 o presión arterial media (PAM) ³ 130 mmHg en dos mediciones separada más de 20 minutos, iniciar labetalol, enalapril u otro antihipertensivo a dosis bajas y fáciles de administrar (tales como diltiacem, lisinopril o verapamil).
Si PAS < 180 mmHg y PAD < 105 mmHg, diferir el tratamiento antihipertensivo.
Si la PIC está monitorizada, la PPC debe mantenerse en valores > 70 mmHg. |
|
Hipotensión arterial.
La primera actitud terapéutica debe centrarse en reponer líquidos. Puede utilizarse fisiológico o expansores del plasma, monitorizando la presión venosa central. Si la hipotensión persiste tras corregir el déficit de volumen, deben considerarse los fármacos vasopresores, especialmente indicados si la PAS<de 90mmHg.
Los fármacos a emplear son: Fenilefrina 2-10 mg/Kg./min, Dopamina 2-20 mg/Kg/min. Norepinefrina, desde 0.05-0.2 mg/Kg./min. |
|
|
Tabla 2.- Ensayos no aleatorizados en HC: supratentoriales e infratentoriales |
|
Autor |
Año |
Diseño |
Caso |
Control |
Resultados |
Resultados %
Caso Control |
|
Broderick et al |
1994 |
Retrospectivo |
34 |
146 |
Mortalidad 30 d. |
25 |
46 |
|
Dependencia 30 d. |
40 |
17 |
|
Coraddu et al |
1990 |
Prospectivo |
31 |
28 |
Mortalidad 30 d. |
17 |
0 |
|
Kanno et al |
1984 |
Retrospectivo |
154 |
305 |
Putaminal |
|
|
|
Dependencia 6 m. |
|
|
|
Leve |
7 |
9 |
|
Moderada |
33 |
25 |
|
Severa |
30 |
0 |
|
Muy severa |
96 |
96 |
|
Cerebelosa |
|
|
|
Dependencia 6 m.
Leve |
No datos |
|
|
Severo |
50 |
40 |
|
|